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¿Qué puede hacer usted?
Las personas que
conocen sus derechos son quienes más posibilidades tienen de exigirlos.
Promover la Convención sobre los Derechos del Niño y difundir ampliamente
sus disposiciones son dos medidas esenciales para lograr el cumplimiento
de los derechos de la infancia. Usted o su organización pueden concienciar
a su comunidad sobre el contenido de la Convención y sus objetivos
mediante las siguientes actividades:
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Organizar
reuniones informales y distribuir materiales en su comunidad sobre
la Convención sobre los Derechos del Niño.
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Fomentar
el apoyo popular a la Convención mediante tareas de colaboración con
iglesias, escuelas y grupos comunales locales.
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Exhortar
a los legisladores locales y nacionales a que establezcan un programa
de educación y capacitación sobre los derechos de los niños dirigidos
a aquellas personas que trabajen con ellos, es decir, maestros, profesionales
médicos, sociólogos, miembros de la policía y otros profesionales
en la esfera de la aplicación de ley.
Si usted es un
maestro, un sociólogo u otro profesional que trabaja con los niños,
trate de concienciarlos sobre la importancia de la Convención sobre
los Derechos del Niño. La escuela es un entorno especialmente importante
para las tareas de concienciación sobre los derechos de los niños.
Si usted reside
en los Estados Unidos, puede impulsar la ratificación de la Convención
por parte del gobierno de ese país mediante las siguientes actividades:
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Diríjase
a los votantes de su localidad y trate de movilizarles para que apoyen
la Convención sobre los Derechos del Niño.
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Organice
reuniones informativas y/o distribuya materiales sobre la Convención.
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Organice
en su zona una campaña de envío de cartas en apoyo a la Convención.
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Diríjase
a los periódicos de su localidad con cartas al director y artículos
de opinión en apoyo a la Convención.
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Mencione
la Convención sobre los Derechos del Niño en sus boletines.
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Colabore
con las iglesias, escuelas y los grupos comunales de su localidad
para crear un movimiento de apoyo popular.
“No
hay que dudar que un pequeño
grupo de personas comprometidas pueda cambiar el mundo;
en realidad,
nunca ha ocurrido
otra cosa.
Margaret Mead, antropóloga
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