Prevención
del abuso sexual infantil
Por
: Susana Galdos Silva
Introducción
Algunas veces he
dado charlas a policías y he sentido su real interés por
conocer más para ayudar más; en aprender para prevenir
y mejorar no sólo su actividad profesional sino también
mejorar como personas, como padres de familia o como esposos. Ellos
y ellas, porque también había policías mujeres,
comprenden que mejorando como personas en la familia, en el barrio,
mejoran también como profesionales. Esto es especialmente necesario
cuando trabajamos en prevención de la violencia: tenemos que
erradicarla de nuestra vida diaria porque no sólo deja huellas
en la persona agredida, sino también en la persona que agrede
en la medida que la deshumaniza.
A nivel general,
muchas personas creen que la violencia es parte de la vida, que no se
puede evitar. Otras afirman que la violencia al interior de la familia
es un asunto que compete sólo al padre o a la madre o al esposo
o la esposa y que en eso no hay que meterse.
Otras creen que
las condiciones socioeconómicas son la causa de la violencia
y que mientras exista miseria, falta de educación y de acceso
a mejores niveles de vida, siempre habrá violencia.
También hay
que reconocer que la agresividad y la violencia pueden ser respuesta
a una defensa de la vida, por ejemplo, cuando defendemos nuestros derechos
o algo que nos pertenece. Por ello en las siguientes páginas
vamos a trabajar sobre la agresión y el abuso en perjuicio de
otra persona, concretamente en perjuicio de los niños y niñas
y de jóvenes menores de 18 años, de acuerdo a la Convención
sobre los Derechos del Niño.
La Convención
sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea de las
Naciones Unidas en 1989, tiene como fundamento la Declaración
Universal de Derechos Humanos y la Declaración de los Derechos
del Niño y es un instrumento legal a nivel internacional que
firman todos los países que se comprometen en la protección
de la infancia; el Perú ha sido uno de los países firmantes.
Lo esencial de la
Convención es que parte de reconocer que el niño y la
niña así como los adolescentes son personas con derechos
y, más aún, que tienen derecho a cuidados especiales y
asistencia especial por carecer aún de madurez física
y mental dado que están en un período de crecimiento y
desarrollo. El artículo 27 precisa: "Los Estados partes
reconocen el derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado
para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social".
En el artículo
12.1 encontramos un reconocimiento explícito de la concepción
del niño como persona: "Los Estados Partes garantizarán
al niño que está en condiciones de formarse un juicio
propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos
los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente
en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad
y madurez del niño". Incluso le reconoce libertad de asociación
y de celebrar reuniones pacíficas (artículo 15).
El artículo
19 se refiere expresamente al maltrato: "Los Estados partes adoptarán
todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas
apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio
o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos
o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño
se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal
o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo".
Sin embargo, todos
sabemos que la Convención sobre los Derechos del Niño
así como el Código de los Niños y Adolescentes
(Decreto Ley 26102) pueden quedar sólo en excelentes declaraciones
que no se concreticen si no hacemos esfuerzos y unimos conocimientos
y acción para que así sea.
En este texto vamos
a tratar algunos aspectos relacionados al abuso infantil. El objetivo
es comprender el problema para poder actuar acertadamente. Veremos la
definición de abuso infantil, formas, indicadores y efectos.
También examinaremos cómo el abuso se repite y refuerza
en la sociedad en general, la situación de poder y superioridad
de la persona adulta. Analizaremos algunas alternativas de prevención,
así como pautas que pueden sernos útiles para atender
y derivar a las víctimas de abuso.
La idea que guía
este trabajo es la constatación de que aunque la violencia hacia
la infancia y la juventud se presenta cada día y a todos los
niveles, es posible su prevención, así como una adecuada
atención de los niños y adolescentes que la sufren. Es
posible, también, que los propios niños y adolescentes
aprendan a identificar situaciones de riesgo y a prevenir y denunciar.
La actuación
frente a la violencia es especialmente importante en el caso de la Policía
porque justamente una de sus misiones es mantener el orden, la paz,
y es la autoridad socialmente nombrada y aceptada para cuidar de la
seguridad de las personas y del país.
El Código
de los Niños y Adolescentes, en su sección II, se refiere
a la Policía Especializada como la encargada de auxiliar y colaborar
con los organismos destinados por el Estado en la educación,
prevención y protección del niño y adolescente
(artículo 175). En el artículo 178 reconoce la necesidad
de capacitación del personal que desempeñará dichas
funciones.
Por otro lado, cuando
una autoridad se compromete con la prevención de la violencia
y maltrato a la infancia, su tarea tiene doble impacto porque como autoridad
socialmente reconocida tiene poder para realizar actividades y coordinaciones
orientadas al logro de objetivos específicos.
Profundizar conocimientos con relación
al maltrato y abuso infantil
(Algunas
veces pasa frente a todos y nadie se da cuenta...no sólo los
golpes duelen y dejan huella)
El maltrato y abuso
sexual que se da en la familia es especialmente peligroso porque deja
huellas negativas profundas en razón de que la persona que maltrata
o abusa es la que debería cuidar y amar al niño o niña.
Por otro lado, genera un sentimiento de impotencia, pues por lo general
el niño o niña que lo sufre es incapaz de escapar de la
situación o de denunciarla.
Qué
es el abuso sexual infantil
(No sólo los golpes duelen y dejan huella)
El abuso sexual
es toda acción sexual que una persona adulta, hombre o mujer,
impone, sea con engaños, chantajes o fuerza a un niño
que no tiene la madurez para saber de lo que se trata.
El abuso sexual
va desde miradas, palabras, mostrar láminas, tocar o pedir ser
tocado, caricias en el cuerpo o en los genitales hasta la penetración.
Hay la tendencia
a confundir abuso sexual con violación. En realidad la violación
y el incesto son formas extremas de abuso sexual.
El abuso sexual
incestuoso es cualquier interacción sexual entre un niño
o niña y un adulto con el que se tiene una relación familiar.
Últimamente
las noticias han destacado numerosos casos de violaciones de menores.
Ello ha motivado que a través de los medios de comunicación
se den indicaciones a los padres de familia para que aconsejen a sus
hijos e hijas. Tales indicaciones se refieren, sin embargo, a no salir
con desconocidos, no ir por lugares solitarios, etcétera. Estos
consejos funcionan en los casos, que son los mínimos, de violaciones
hechas por desconocidos.
Si bien es importante
que los menores sepan cómo cuidarse en la calle, también
es necesario saber que la mayoría de abusos sexuales y violaciones
a menores son cometidos por personas conocidas, ya sea del propio entorno
o de la familia y que por lo general actúan con ciertas estrategias
que podemos reconocer y estar preparados para prevenir.
Cómo
se da el abuso sexual
El abusador necesita
de privacidad y del silencio de su víctima. Por lo tanto, buscará
la ocasión de estar solo y se asegurará que ella no va
a contar lo ocurrido a nadie.
Dado que la mayoría
de abusos sexuales se producen en el hogar y por conocidos, es lógico
que el abusador haya "estudiado" cuándo y cómo
puede estar a solas con el niño o niña. Posiblemente conoce
lo suficiente a la familia para saber cómo acercarse, así
como qué hacer para que el niño o niña no se atreva
a contar lo ocurrido.
Por ejemplo, si
son familias muy autoritarias, en las que los hijos e hijas tienen temor
al padre, el abusador amenazará con que "Si cuentas ya sabes
cómo se va a poner tu papá; va a estallar en cólera
y te va a castigar".
Si es una madre
que constantemente se queja de sufrimiento y enfermedad, posiblemente
le dirá a su víctima que no debe decir nada a su madre
"porque tú vas a ser la culpable si tu mamá empeora
o se muere".
En otros casos,
trata de culpar a la víctima diciéndole que si no gritó
o corrió, eso significa que le agradó o que aceptó.
"¿Por qué no pediste ayuda?, en el fondo es porque
tú también querías".
Otras veces simplemente
amenazará con algo que sabe tiene efecto en la víctima
y logra que no cuente lo sucedido a nadie. "Si cuentas algo no
te van a mandar más al colegio y no te van a dejar ir a ninguna
otra casa".
Estas estrategias
se ejecutan generalmente en varias fases que tienen las siguientes características:
- Inicio
o "enganche".
Es cuando el abusador logra establecer con su
víctima un primer nivel de acercamiento y se asegura que ésta
no
contará a nadie el contacto establecido. Por lo general, en esta
fase
el niño o niña, dependiendo de la edad que tenga, está
confundido y no entiende exactamente lo que está ocurriendo.
Algunas niñas han expresado que sentían incomodidad, aunque
no entendían de lo que se trataba.
Por lo común, el abuso comienza como un "juego sólo
entre los dos" "un secreto sólo entre tú y yo"
y también con promesas de dulces o dinero.
Sin embargo, tampoco hay que olvidar que los niños y niñas
carentes de afecto, muchas veces callan el abuso por no perder el afecto
del abusador.
- Continuidad.
Una vez asegurado el silencio de la víctima, el abusador tratará
de buscar más y más ocasiones para estar juntos, aumentando
el abuso sexual, pudiendo llegar hasta la penetración.
En esta fase puede
ocurrir que el niño o niña, si ya tiene suficiente edad
como para darse cuenta, no quiera quedarse con el abusador. Cuando la
madre o padre le preguntan la razón, no da explicaciones porque
el abusador ya ha logrado de alguna manera asegurar su silencio.(Este
silencio es un signo a tomar en cuenta en caso de existir sospecha de
abuso).
- Evidencia
o confirmación. Puede
darse de improviso, cuando el
abusador es sorprendido o porque la víctima cuenta lo que le
ocurre.
En estos casos, no hay tiempo para pensar con tranquilidad y es difícil
manejar adecuadamente la situación. Por lo general, la familia
tiene
mucha rabia y las reacciones se dirigen hacia el violador pidiendo
sanción o castigo. Puede pasar inclusive que la víctima
sea interrogada, aún por la propia familia, una y otra vez, en
un afán de comprender qué le ha pasado. Esta actitud no
es la más adecuada.
Hay que considerar que la persona, ya sea niño o niña,
necesita
ayuda y hay que asegurarse que reciba tratamiento médico si
es necesario y, sobre todo, comprensión, seguridad y afecto.
Otras veces el niño
o niña tiene un comportamiento que lleva a sospecha, por ejemplo
hace preguntas referidas al sexo o a amenazas, o usa términos
que no corresponden a su edad ni a las costumbres de la casa. A partir
de ello la madre o el familiar cercano o el profesor pueden sospechar
y poco a poco ir acercándose a la verdad hasta que cuenta lo
que le ocurre o da pistas que permitan descubrir al abusador.
En muchos casos
de abuso sexual de padres o padrastros que se inicia en la infancia,
las niñas cuentan lo que les ocurre al llegar a la adolescencia.
El abusador sabe que al crecer e interactuar con otras personas, la
adolescente puede contar "su secreto". Para evitar que esto
ocurra hace todo lo posible por prohibirle que salga a la calle o se
reúna con sus amigas. Cuando los argumentos son acogidos en la
familia, la chica se da cuenta de que el único modo de tener
algo de libertad es contando lo que ocurre.
Hay que tener presente
que en el caso de abuso sexual de jóvenes varones es muy difícil
que ellos cuenten lo ocurrido pues socialmente eso se asume como pérdida
de la masculinidad, presumiéndose equivocadamente que tal experiencia
condicionará luego un comportamiento homosexual.
Desafortunadamente
son muy pocos los estudios sobre abuso sexual en niños y jóvenes.
La mayoría de casos reportados son de niñas y mujeres.
Indicadores
de abuso y violencia sexual
Se puede descubrir
el abuso sexual en niños menores de siete años cuando
su comportamiento no corresponde a su edad ni a las costumbres de la
casa, sea porque muestran curiosidad en extremo o porque hacen preguntas
o comentarios sobre sexo.
Las consecuencias físicas del abuso son también un camino
para descubrirlo. Veamos:
- Embarazo.
- Enfermedades de
transmisión sexual.
- Irritaciones o
malestar en los genitales.
- Aseo constante
de los genitales o se niega a hacerlo.
- Dolor al orinar.
Infecciones genitales frecuentes.
- Miedo a quedarse
solo o con alguien en especial.
- Depresión.
- Pérdida
de apetito.
- Disminución
del rendimiento escolar.
- Rabia u hostilidad.
- Comportamiento
sexual inadecuado.
- Huida de la casa.
- Regresión
a un estadio de desarrollo anterior. Por ejemplo
si ya pedía orinar, ahora se olvida de hacerlo.
Si ya comía solo, ahora pide que le den en la boca.
En adolescentes,
algunas de las conductas registradas en el Manual de Camargo son:
En
la víctima
Por lo general, cuando hay consecuencias físicas, éstas
son identificables y reciben atención. No pasa lo mismo con las
consecuencias psicológicas. En la medida que no se ven, que no
hay marcas visibles, no son atendidas.
Muchas personas
creen que porque el niño o niña no habla sobre lo ocurrido,
ya lo ha olvidado. Es importante recordar que el abuso sexual no se
olvida jamás y lo que en apariencia parece haber sido olvidado,
en realidad queda "guardado" y marca la vida futura.
Algunas de las consecuencias
que se darán a lo largo de la vida tienen relación directa
con el modo como vivirán su sexualidad, su vida amorosa y erótica.
Otras se vincularán con problemas psicológicos como miedos,
fobias, dificultades para enfrentar situaciones complicadas.
Por esto es necesario
que todo niño o niña que ha sufrido de abuso sexual reciba
el tratamiento adecuado y en el caso de adolescentes también,
aun cuando éstos manifiesten entender lo ocurrido y reciban apoyo
de sus familias.
En
el agresor
Ya hemos examinado las consecuencias del abuso en los niños y
niñas. Pero el asunto no termina ahí. Hay otras víctimas
que por lo común no son visualizadas. "Nunca voy a olvidar
lo que le hice a esa chica, ni sus gritos, ni su desesperación,
tampoco sus lágrimas ni su silencio en el comparendo...pero sabes,
tampoco voy a poder olvidar lo que me hice. Si hubiera pensado en lo
que significaría en mi vida...si alguien me lo hubiera hecho
notar...Yo mismo me aruiné para siempre".
A partir de este
testimonio podemos analizar algunos de los efectos que la violencia
tiene en el mismo agresor: depresión, desesperación, culpa,
vergüenza, baja autoestima; dificultades legales, privación
de su libertad; pérdida de su hogar y continuación de
relaciones de violencia a otros niveles si no sigue un tratamiento adecuado.
Los estudios demuestran
que la persona que de pequeña vivía en un ambiente de
violencia, cuando crece tiende a repetirla en su hogar, en la medida
que esa fue la única estrategia de relación personal y
familiar que aprendió.
La violencia familiar
abarca también violencia y abuso infantil. Empieza con el abuso
del esposo hacia la esposa. Luego la esposa maltrata a los hijos y los
hijos, a su vez, maltratan o abusan de quien pueden, sea de la abuela(o)
o de la empleada de la casa. Esta relación familiar marcada por
la violencia trasciende a la comunidad.
A nivel de la sociedad
se sufren pérdidas por la violencia, y tal vez la más
importante es que la violencia trae más violencia. También
podemos enumerar costos humanos y económicos considerables como:
· Daños
físicos que pueden ser irreversibles y hasta causar la muerte.
· Daños
emocionales que generan depresión, baja autoestima,pérdida
del deseo de vivir, sentimientos negativos, así como incapacidad
para afrontar los problemas cotidianos.
Gastos de atención
a las víctimas y vigilancia de los posibles abusadores.
Tratar
de explicar por qué se abusa de un niño
(Donde la palabra
abusivo se concreta y no se debe confundir con anormal. Tampoco se debe
confundir causa con factores)
Relaciones
sociales que generan maltrato
(Pasa frente a todos y parece que nadie se da cuenta)
Nuestra sociedad genera y
mantiene el maltrato en la medida que hay acciones, creencias, valores
y costumbres que impiden el normal y sano desarrollo de la infancia.
El proceso de violencia terrorista
que vivimos durante más de quince años trajo secuelas
de violencia social, así como niños huérfanos y
abandonados, y familias desplazadas de sus hogares. Los niños
que nacieron en esa época se familiarizaron con la muerte. Hoy
día es necesario doblar esfuerzos para recuperar la importancia
de vivir en condiciones de paz y desarrollo humano.
Por otro lado, las condiciones
de pobreza incrementan el maltrato. Se requiere pues de políticas
públicas que generen empleo y producción, es decir bases
estructurales para sentar el desarrollo humano no sólo económico
sino también social.
En especial, la situación
de subordinación y violencia doméstica contra la mujer
tiene especial relación con el abuso sexual infantil. Muchos
conceptos y valores relativos a la sexualidad femenina están
distorsionados y dan a entender que la mujer "provoca" la
agresión.
Los roles estereotipados
se proyectan también en el caso del abuso sexual infantil, en
especial cuando el niño es mayor de 10 u 11 años o cuando
tiene el cuerpo desarrollado, se asume que al igual que la mujer ha
provocado la agresión.
Los diálogos que por
lo general se establecen entre la víctima y quien recoge la denuncia
o quien lleva el juicio, así como el trato que se brinda a las
víctimas de violencia sexual en los juicios y denuncias, las
hacen aparecer como culpables. Por eso se dice que el abuso sexual y
la violación sexual son los únicos delitos en los cuales
la víctima tiene que demostrar su inocencia.
Todo ello genera culpabilidad
y confusión en la víctima, y en la sociedad aceptación
de este tipo de delitos y no sanción o sanción mínima
frente a ellos.
Situación
de poder y superioridad del adulto
En lo que se refiere al abuso
sexual de menores por personas conocidas, éstas se basan justamente
en la autoridad que ejercen sobre su víctima, sea porque tienen
más fuerza o conocimientos o están en una situación
que les otorga poder: padre, tutor, profesor, etcétera.
Comprender y asumir esta
definición es importante porque si bien hay algunos casos de
abuso sexual y de violaciones realizadas por personas mentalmente enfermas,
éstos son mínimos en las estadísticas. En cambio,
sí podemos hacer mucho y cotidianamente por cambiar las relaciones
de poder y para que las personas que lo tienen lo usen para proteger
y ayudar y no para sus propios intereses.
¿Por
qué hay tanta dificultad en aceptar
que el abuso sexual es abuso del poder?
Porque de una u otra manera
son varias las personas que tienen poder: la madre y el padre sobre
los hijos; los adultos sobre los menores; los profesores sobre los alumnos.
Afirmar que el abuso sexual y el maltrato es abuso de poder puede llevar
a pensar que todos aquellos que tienen poder son unos abusivos. Definitivamente
no es así. La mayoría de personas emplea el poder socialmente
asignado justamente para lo que les fue dado: para proteger, ayudar
y garantizar la seguridad y bienestar. Sin embargo, también tenemos
que aceptar que hay otras personas que hacen uso del poder para su propio
beneficio.
Prevención
del abuso
(Trabajar
para cortar el círculo de la violencia)
Un primer paso es evitar
que se presente. Hay que reconocer que existe y que se produce en todos
los niveles y clases sociales. Es necesario hablar sobre el tema a nivel
familiar, con los hijos e hijas, tíos, primos, etcétera;
tratar el asunto también entre vecinos y en la comunidad. El
tema del maltrato y abuso infantil debe ser tan importante como los
de la nutrición, educación, salud, seguridad.
Para la prevención
del maltrato podemos establecer las siguientes vías: educación
en la familia y la escuela y compromiso de la comunidad.
Educación
A nivel personal, como adultos y adultas tenemos el deber de lograr
que los niños y niñas tengan seguridad y autoestima.
Seguridad y autoestima son
las claves para frenar el abuso sexual ya que cuando el niño
o la niña se siente amado no caerá fácilmente ante
conocidos que simulando el afecto que necesita, abuse de él/ella.
La seguridad permite que el niño o niña recurra a alguien
de confianza para decirle lo que le pasa. La AUTOESTIMA hace que el
niño o la niña sienta que es valioso. La autoestima se
construye en las relaciones que los adultos, padre y madre y familia
en general, tienen hacia el niño o niña. Los insultos
y castigos disminuyen la seguridad y autoestima y hacen que luego sea
más difícil la defensa de sus derechos.
En lo que se refiere al abuso
sexual, es necesario hablar con el niño y la niña al respecto.
Deben saber que "su cuerpo es su territorio" y que nadie lo
toca sin su permiso. Esto significa que no recibirá maltrato
de ningún tipo. También debe reconocer sus partes íntimas
y el tipo de caricias que recibe. Ayudarlo a reconocer las caricias
que hacen sentir mal y cuando no se debe guardar un secreto (cuando
genera miedo, vergüenza, malestar). Por otro lado, la madre o la
familia debe respetar los sentimientos y emociones del niño y
si éste manifiesta que no se quiere quedar a cargo de una persona,
es mejor no insistir. Al respecto, los centros de cuidado diurno son
los lugares más recomendables para dejar a los niños.
El niño o niña
debe saber a qué persona dirigirse para manifestarle sus dudas
o temores. Puede tratarse de algún pariente cercano de confianza.
Es necesario conocer pautas
educativas para corregir conductas y no recurrir al castigo físico
porque justamente cuando el niño o niña sienten que quien
los ama invade su cuerpo y les causa dolor, es muy difícil que
luego interioricen que "su cuerpo es su territorio y nadie lo toca
sin su permiso".
Cuando se habla de no recurrir
a la violencia, algunas personas se preguntan cómo corregir entonces
conductas equivocadas en los niños si no se les castiga físicamente.
Primero es necesario aclarar que los niños y las niñas,
al igual que los y las adolescentes, no son buenos ni malos, simplemente
son personas que están creciendo y aprendiendo lo que socialmente
es correcto e incorrecto.
No hay, por lo tanto, maldad
ni deseo de hacer mal las cosas, sino falta de oportunidad de aprender,
o quizás se han relacionado con adultos que no han sabido enseñarles
las conductas que se esperan. En este sentido, no son culpables.
El castigo físico
reafirma la idea de que la violencia puede ser la solución a
los problemas y continúa el círculo de la violencia familiar.
Quien en su niñez recibe golpes, de adulto repite lo aprendido
y a la vez enseña a sus hijos lo mismo.
Las investigaciones han demostrado
que el castigo físico genera conductas extremas: o paraliza por
el miedo o vuelve más rebelde a la persona. No educa.
La experiencia enseña
que más se logra estimulando las conductas adecuadas que sancionando
las inadecuadas. Un buen ejercicio es anotar cuántas veces en
el día felicitamos a nuestros hijos o hijas por una acción
o conducta que esperamos y cuántas veces les llamamos la atención
cuando se han equivocado o dejado de hacer lo que les indicamos. Si
reprendemos o sancionamos más de lo que felicitamos no estamos
educando acertadamente y posiblemente tampoco vamos a lograr que mejoren
en su conducta o su actitud.
Cuando el niño o niña
es muy pequeña como para comprender una explicación verbal,
se puede recurrir a aislarlo por un tiempo para que sienta que su conducta
está molestando a otros o no es adecuada. No se trata de encerrarlo
en un cuarto sino simplemente de sacarlo, de buenas maneras, del lugar
donde estaba. Si se encontraba en la sala, se le puede llevar al dormitorio
o la cocina. Una medida muy simple de aplicar para el aislamiento es
un minuto por año de edad.
Cuando es mayor puede privársele
durante un tiempo de alguna actividad que le guste hacer. La sanción
es para corregir y no para humillar ni para que se prolongue en el tiempo,
y lo mejor es establecer con anterioridad un acuerdo antes de que se
presente el problema.
Es importante establecer
acuerdos mutuos entre el niño o la niña o el y la adolescente
y la persona adulta y tratar de recordarlos constantemente.
En la
escuela
En la actualidad, los profesores y profesoras muestran interés
por trabajar el tema. Sin embargo, muchos no saben cómo hacerlo.
Una manera simple para niños
en edad preescolar, es a través de juegos y dinámicas
que les permitan identificar las partes de su cuerpo que no deben ser
tocadas, salvo para la higiene.
En primaria y secundaria
se puede recurrir a historias sobre abuso y a preguntar qué pasó
y qué pudo hacer la víctima. Es posible identificar en
grupos las fases en las que se da el abuso.
Compromiso
de la comunidad
- Tener la certeza de que
podemos acabar con el maltrato y abuso infantil
y de la adolescencia. Recordemos que durante la epidemia del
cólera había conciencia de que las condiciones socioeconómicas
influían enormemente en la extensión y gravedad de la
enfermedad.
Sin embargo, gracias a la organización de la comunidad y a que
cada familia implementó medidas de higiene fue posible vence
r la epidemia, a pesar de que las condiciones socioeconómicas
no cambiaron.
Algo similar se puede lograr
para acabar con el maltrato y el abuso infantil: unir fuerzas para que
en todos los niveles se hagan compromisos y realicen acciones contra
el abuso sexual.
- Actuar frente a una situación
de maltrato a un niño o un adolescente.
Cuando presenciamos que un padre o madre maltrata a su hijo o hija,
por lo general nos abstenemos de intervenir porque pensamos que
es un asunto familiar o privado. Como se ha explicado, el maltrato
puede generar un círculo vicioso y muchas veces la familia involucrada
no percibe el problema. La existencia de una ley sobre violencia
familiar significa que este es un problema público en el que
interviene el Estado, por lo tanto no es un asunto privado.
Interesar a las organizaciones
de mujeres a que trabajen al interior de sus propias instituciones para
frenar tanto el maltrato hacia la mujer como el maltrato y abuso infantil
y juvenil. Frenar la violencia contra la mujer es romper la cadena que
lleva al abuso infantil en la medida que cuestiona el abuso del poder
y exige el respeto a los derechos humanos.
- Comprometer a las escuelas,
parroquias, municipalidades, delegaciones policiales y organizaciones
del distrito en campañas de prevención del maltrato.
- Promover la creación
de cunas y centros de cuidado diurno de niños con la participación
de los gobiernos locales y la comunidad.
Tejer
redes
Una idea simple es que si
pescamos con un anzuelo, sólo logramos atrapar un pez. Si lo
hacemos con una red, atraparemos varios.
Trabajar en redes significa potenciar nuestra posibilidad de llegar
a diversos niveles y de abarcar más personas. Significa también
que podemos dar un apoyo y ayuda más integral pues desde nuestro
diario quehacer o desde nuestro trabajo no es posible cubrir todas las
áreas que abarca el problema.
Podemos tejer redes de prevención
que comprometan no sólo a las instituciones que trabajan en el
tema sino también a la escuela, la municipalidad, los colegios
profesionales y medios de comunicación.
Atención
de casos de abuso
(Ser
consciente de la importancia de mi atención)
Generalmente, las
personas que sufren maltrato no acuden en busca de ayuda. Por eso incluimos
a continuación algunas razones, extraídas de consultas
especializadas con víctimas de violencia, las que creemos pueden
ser útiles no sólo para comprender el porqué de
ello sino para que al realizar la entrevista con las víctimas
sea posible adelantarse a algunos de sus temores o motivos para callar.
Por
qué algunas personas agredidas no buscan ayuda
Un niño o
niña de corta edad no es capaz de buscar ayuda por sí
mismo. Es sólo a partir de los 7 u 8 años, siempre y cuando
la víctima sepa dónde acudir y tenga la fuerza para ello,
que busca ayuda, sea en una comisaría, defensoría o con
un familiar. En este acápite nos referiremos a aquellos casos
en los cuales presuponemos que el maltratado pudo buscar ayuda y no
lo hizo y trataremos de comprender el porqué.
Carencia
de alternativas: Si
dependen del padre o del padrastro es muy difícil que lo enfrenten
por temor a perder el apoyo económico. En el caso de los migrantes,
a lo anterior se suma la dificultad del idioma, el desconocimiento del
lugar y de las costumbres y, en especial, el sentimiento de discriminación.
El niño o niña no encuentra a dónde ir. Temen que
otros miembros de la familia estén de parte del agresor. Por
lo general, el padre que abusa y maltrata aisla a su familia de sus
parientes.
Miedo
y vergüenza: El miedo a lo desconocido puede hacer que
una persona sea víctima de abuso. Las víctimas, por lo
común, se sienten culpables, sin esperanza. Tratan de esconder
los hechos porque sienten vergüenza de la mala relación
que llevan y no creen que alguien pueda ayudarlas.
La situación
empeora cuando quien abusa amenaza con mayor violencia si el maltratado
busca ayuda. La víctima cree erróneamente que seguir soportanto
el maltrato es menos peligroso que buscar ayuda.
Igual ocurre con
los niños y niñas: temen las consecuencias de contar lo
que les sucede y también tienen vergüenza de que el profesor
u otras personas se enteren de que su padre o madre los maltrata.
Esperanza
y amor: Muchas personas que sufren violencia familiar aman
a pesar de ella y encuentran que hay momentos agradables en la familia.
Las víctimas piensan que es mejor aguantar los malos momentos
que estar separados. Mantienen así una esperanza sin darse cuenta
de que la situación tiende a empeorar.
Ignorancia:
No saben que hay leyes que las protegen, por ejemplo la Ley contra la
Violencia Familiar. Desconocen los derechos del niño, las defensorías.
(Justamente en estos días la televisión difundió
el caso de la desaparición de una niña que la policía
encontró en casa de un familiar. Había huido de su hogar
porque su padrastro la maltrataba. La siguiente semana hubo dos noticias
similares. Pareciera que otras víctimas de maltrato "aprendieron"
que podían huir de casa.)
Por otro lado, los
abusadores o abusadoras también desconocen que pueden ser ayudados
para que cambien su conducta.
Experiencias
negativas: Algunas víctimas que han denunciado al
agresor han tenido una experiencia negativa: su denuncia no fue o fue
mal recepcionada o el abusador no resultó sancionado. Esto da
la sensación de que la ley es inservible y de ausencia de protección.
Culpa:
Como ya lo señalamos, en los casos de abuso sexual el agresor
asegura el silencio de su víctima no sólo con el chantaje
y la amenaza sino también haciéndole creer que es culpable
de lo que pasa, sea porque lo permitió al inicio o porque no
lo delató después.
Con frecuencia se
justifica la violencia sexual afirmando que la víctima, especialmente
cuando es mayor de 14 años, provocó la agresión.
Suponiendo que haya sido así, siempre hay que considerar que
se trata de una menor que no ha completado su desarrollo emocional ni
psicológico mientras el adulto sí y, por lo tanto, es
él quien debe controlar la situación. Debe asegurarse
a la víctima que en ningún caso ella fue culpable.
También cuando
se produce maltrato, el niño o niña prefiere creer que
es su culpa, que hizo enojar a su papá. Es el modo de disculparlo
para seguir queriéndolo como padre. Esto ocurre mientras son
pequeños. Una vez que son jóvenes se impone el razonamiento
y puede darse la protesta por la injusticia.
Confusión
de sentimientos:
Se presenta generalmente en la madre cuando se entera de que su hija
ha sido víctima de abuso sexual por parte del padre, padrastro
o algún familiar muy cercano. Sabe que debe denunciar el hecho
porque siente pena y rabia por su hija, pero también tiene temor
y pena por lo que le pueda pasar al agresor.
Si además
depende económicamente de la persona que abusa de su hija, la
situación es mucho más difícil. Lo que esa madre
no sabe o no ve es que si no denuncia al agresor éste va a continuar
abusando de los otros miembros de la familia. Recordemos que el silencio
protege al agresor; es como darle permiso para continuar agrediendo.
Cómo
acoger y tranquilizar a una víctima de abuso
Una víctima
es una persona que ha sufrido y que continúa sufriendo. Posiblemente
tenga miedo y desconfianza.
Nuestro deber es
tratar de que exprese sus sentimientos y emociones. Pedirle que no llore
es cortarle la posibilidad de desfogar su frustración o pena.
De manera similar, al insultar o decir lisuras contra su agresor demuestra
su rabia y frustración, lo que no se debe impedir pues ello es
señal de que tiene autoestima.
Es necesario esperar
que la víctima se tranquilice, ofrecerle un vaso con agua, un
pañuelo y, sobre todo, un espacio privado para que pueda hablar
sin sentirse observada.
Si la víctima
está acompañada por otro familiar, hay que pedirle que
espere afuera mientras se toma la denuncia, pues puede que haya asistido
para asegurarse de lo que va a decir. También es posible que
la víctima quiera que esa persona esté a su lado. Hay
que analizar cada caso y evaluar si el acompañante debe o no
quedarse mientras se toma el testimonio.
Dar seguridad a
la víctima de que el agresor será sancionado y de que
no va a estar en riesgo de volver a ser abusada.
La situación
es más difícil cuando el abuso es descubierto y la víctima
lo justifica o trata de disimular por las razones que ya hemos expuesto.
En estos casos es necesario explicarle que nadie tiene derecho a abusar
de nadie, menos aún un adulto o familiar cuya misión es
proteger. Debemos hacer lo posible para que explique las razones por
las cuales no quiere denunciar a su agresor y que comprenda que si no
denuncia el abuso éste cada día será peor e incluirá
a otros miembros de la familia. Es importante explicar también
que el abuso daña al propio agresor y que un modo de ayudarlo
es denunciándolo.
Algunas veces atender
a víctimas de abuso genera sentimientos de rabia y deseos de
venganza o de asumirlas como si se tratara de los propios hijos. Eso
no ayuda mucho.
Es necesario saber escuchar, mostrar solidaridad y comprensión,
deseo de ayuda, tranquilidad y tener presente que no somos personal
especializado para atender los problemas psicológicos, médicos
o legales, pero que sí estamos capacitados para tranquilizar,
dar apoyo y, sobre todo, para realizar un adecuado registro de la denuncia
que facilite la acción legal, y también para derivar a
la víctima a un lugar seguro.
Si lo que la víctima
relata nos recuerda una situación similar y sentimos que no podemos
controlar nuestros sentimientos y emociones, es mejor pedir a otro compañero
que asuma el trabajo. En este sentido saber buscar ayuda es señal
de fortaleza y demuestra que se conocen las limitaciones y que queremos
trabajar bien.
Cómo
acoger a víctimas de abuso sexual durante la denuncia
Buscar un lugar
privado y tranquilo donde se pueda realizar la entrevista sin interrupciones.
Tenga presente las siguientes recomendaciones:
- Crea lo que le
cuenta la víctima. Los niños no inventan esas cosas. Les
cuesta mucho admitirlas y hablar de ellas.
- Evite preguntas
innecesarias. Con niños pequeños el abuso sexual violento
es asumido como un accidente. Evite los detalles innecesarios que sólo
van a incomodar más a la víctima. En el caso de los adolescentes,
las preguntas sobre los detalles hacen que vuelvan a vivir la violencia
del abuso.
- Asegúrele
a la víctima que no es culpable. Recuerde que el abusador ha
hecho todo lo posible para que guarde el secreto, lo que puede incluir
llenarla de culpa. Lo peor que le puede pasar a una víctima de
abuso sexual es ser cuestionada como si fuera la culpable.
- Asegúrese
de que reciba atención médica y sienta protección.
Trate de explicarle que hay personas que causan daño y que serán
castigadas. Para los niños y niñas pequeñas, la
violencia sexual es percibida sólo como ataque físico.
Por eso cuide que sus preguntas se dirijan a la violencia o al daño
físico y no al contenido sexual.
- Asegúrele
que lo que el adulto ha hecho es incorrecto. Que nadie debe abusar de
otra persona y que el agresor deberá ser castigado. Explique
que por eso es necesaria la denuncia.
Cuando la víctima
aún no tiene edad para comprender lo ocurrido, trate de que la
persona adulta que la acompaña lo haga y siga las pautas recomendadas.
Explíquele además que el abuso sexual no se olvida y que
es mejor que la víctima hable y se libere del peso emocional.
También debe saber que el silencio protege al agresor.
Dónde
derivar en busca de ayuda legal, médica y psicológica
Instituciones
de la sociedad civil
- Las Defensorías
del Niño y el Adolescente, más conocidas como DEMUNAS,
de acuerdo a lo estipulado por el Código de los Niños
y Adolescentes, funcionan en los gobiernos locales y en las instituciones
públicas y privadas. Entre sus funciones específicas se
señala la de presentar denuncias ante las autoridades competentes
por faltas y delitos en agravio de niños y adolescentes e intervenir
en su defensa.
- Organizaciones
no gubernamentales que trabajan en prevención y atención
de la violencia contra la mujer, los niños y las niñas.
- Postas, centros
médicos y hospitales del Sistema Nacional de Salud.
Alternativas
de la comunidad, barrio y familia
En
la familia: Averiguar si hay algún pariente cercano
a la víctima con quien ella tenga una buena relación.
En casi todas las familias hay una persona que tiene sensibilidad, buen
tino, que es cariñosa y que está dispuesta a acoger a
un familiar que pasa por problemas, más aún cuando se
trata de un niño. En este caso es importante la opinión
de la víctima y que ella decida con quién quiere quedarse.
Es claro que la
alternativa es transitoria hasta buscar una salida definitiva, pero
el hecho de poder dejar al niño con algún familiar que
lo quiera es siempre mejor que colocarlo en una institución donde
no conoce a nadie.
Es recomendable
visitar la casa y hablar con el familiar que acogió al menor
no sólo para saber cómo se encuentra sino también
para darle ánimo y resolver sus preguntas.
En
el barrio:
En el barrio también hay personas o familias que son conocidas
por su estabilidad emocional y porque saben dar buenos consejos y acogen
a vecinos con problemas. Éstas muestran gran solidaridad, inclusive
en medio de sus escasos recursos, y están dispuestas a recibir
a una víctima de maltrato o abuso.
Si no hay familiares,
se puede recurrir a estos vecinos a fin de mantener al menor en su ambiente,
con sus amistades y, al mismo tiempo, darle protección.
En
la comunidad: Las parroquias son una buena alternativa para
buscar consejo y ayuda a fin de derivar a una víctima de violencia
sexual. Por lo general, el párroco conoce a su comunidad y puede
apoyar o intervenir para que los vecinos acojan a la víctima.
Los comités
de vaso de leche y los comedores son organizaciones de mujeres que también
conocen las dinámicas familiares de sus asociadas y de los niños
y adolescentes de su comunidad. Estas instancias organizativas pueden
ser un buen apoyo para derivar casos o buscar ayuda.
En la sierra, los
clubes de madres y las rondas campesinas son instancias organizativas
de la comunidad a las cuales recurrir y que pueden brindar apoyo.
Asimismo, los colegios y las asociaciones de padres de familia pueden
contribuir en la búsqueda de alternativas.
Conclusión
(Nadie puede dar lo que no tiene. No puede elegir lo que no conoce.
Si sólo tiene rabia y rencor y únicamente conoce la agresión
como respuesta al conflicto, ¿qué podemos pedirle?)
Al redactar el presente
texto sentí lo difícil y penoso que es escribir sobre
la violencia, el abuso y el maltrato, especialmente contra quienes no
pueden defenderse: los niños, niñas y los adolescentes.
Me imaginaba a la policía, escuchando, atendiendo, consolando,
derivando, indagando, registrando. Pensaba en los sentimientos y emociones
que esa tarea involucra y en lo importante que es llegar a cambiar el
rumbo de una vida
La Convención
sobre los Derechos del Niño, el Código de los Niños
y Adolescentes y demás leyes así como las instituciones
para proteger a la infancia, son muestra de un especial interés
de la sociedad que tiene como sustento el concepto de que los niños
son el futuro y que de su seguridad y bienestar de hoy depende el bienestar
y felicidad de la sociedad en general. Pero se trabaja no sólo
pensando en el futuro, sino también haciendo realidad el derecho
reconocido mundialmente que tienen los niños a un presente sin
maltrato ni abuso.
Por eso la tarea
de quienes velan por el bienestar de la infancia y la juventud tiene
doble proyección: para un presente de ejercicio de los derechos
humanos de los niños, y para asegurar un mejor futuro a todos.
Cuando sientan que
su tarea no es comprendida y que es poco lo que pueden hacer para frenar
tanto maltrato y violencia, cuando sientan que el ánimo decae,
recuerden esta historia que una vez escuché y ahora les transmito:
Un
niño se paseaba por la playa.
La marea había arrojado a la arena cientos y cientos de estrellas
de mar que bajo los rayos del sol empezaban a morir.
El niño recogía una tras otra y las tiraba hacia las olas.
Un hombre pasó y le preguntó lo que hacía.
El pequeño explicó que las devolvía al mar para
que no murieran.
El hombre sonrió burlón y dijo:
¿No te das cuenta que son cientos de cientos?
El niño alzó una estrella, la miró con ternura
y mientras la lanzaba a las olas salvadoras respondió.
No podré atender a todas pero para ésta ya su suerte ha
cambiado.
Deseamos que este
Curso de Capacitación los ayude a continuar mirando con ternura
y a cambiar la suerte de los niños que llegan a ustedes.
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