Federación Internacional de Periodistas (FIP)
Los derechos del niño


Entrevistar, fotografiar y filmar a los niños

Las directrices que acompañan el presente folleto no pretenden resolver las cuestiones éticas de los periodistas. Como ya se ha señalado, proporcionan un marco para que los profesionales de los medios de comunicación reflexionen sobre estos temas delicados. En esta sección se abordan algunos de los problemas prácticos que los periodistas deberán tener en cuenta.

Cada niño es un ser humano

Los medios de comunicación contribuyen a veces a mantener mitos que dañan la percepción por parte de la opinión pública, pues muestran a los niños solamente como pecadores o como víctimas. En 1995, la Dra. Magda Michielsens, de la Universidad de Nimega, en Países Bajos, analizó la presentación de las víctimas en los noticiarios de siete canales de televisión de Europa. Llegó a la conclusión de que generalmente se concede a las víctimas poca consideración, siendo mucho menos probable que las víctimas de África sean consideradas como individuos y se les brinde la ocasión de expresarse, en relación con las de Europa.

En palabras e imágenes, los niños pueden considerarse a menudo como cifras que representan la juventud, la esperanza, la alegría, la miseria o la desesperación, pero no se les considera plenamente como seres humanos por derecho propio. Naturalmente, cada niño es un ser humano y, mientras que la imagen de una niña o de un niño puede considerarse como representativas de una generación, una persona no "representa" nada en particular, sino que es una persona única y le corresponde la plenitud de los derechos humanos. Al entrevistarse con niños han de aplicarse los mismos principios que en una entrevista con adultos, aunque a veces los principios deban ser aplicados de diversa manera. El primer requisito es que cada niño sea tratado con respeto y en calidad de individuo. Esto plantea problemas complejos a los reporteros, y problemas más complejos todavía a los fotógrafos y los autores de reportajes sobre niños.

Obtener el consentimiento para fotografiar o entrevistar

Algunas personas que trabaja en el ámbito de los derechos de la infancia sostienen que los niños nunca deberían ser fotografiados sin su consentimiento específico. Si esto se aplicase estrictamente, significaría que raramente se podría filmar o fotografiar a niños en grupos espontáneos, y que apenas habría películas o incluso fotografías de refugiados, de niños de la calle o de niños jugando, pues estas imágenes se toman a menudo a distancia, incluso sin que haya un encuentro con el niño. Es difícil pensar que la supresión de imágenes de los niños en nuestras pantallas de TV o en los periódicos permitiera que sus derechos progresaran.

Una de las fotografías a las que se atribuye el cambio de la opinión occidental con relación a la guerra de Vietnam fue la famosa foto de Nick Ut de la niña de 9 años, Kim Phuc, corriendo carretera arriba en las afueras de Trang Bang, desnuda y llorando. La fotografía, tomada en 1972, mostró el horror de la guerra a través de una imagen infantil. A Kim Phuc no se le solicitó permiso, y ningún asistente social dio su consentimiento.

Uno de los trabajos de un periodista (tanto si trabaja con un ordenador portátil o con una cámara) es meter la nariz en los asuntos de otras personas, observar, tomar nota y decir a los demás lo que sucedió. Cuando los acontecimientos se producen con rapidez, los periodistas tienen que actuar con celeridad y sin pedir permiso. Indudablemente se infringieron los derechos de Kim Phuc cuando se tomó esta fotografía, pero no es nada en comparación con el daño mucho más grave que consistió en lanzar napalm sobre su pueblo. La mayor parte de la gente afirmaría que la toma y muestra de esta fotografía va acompañada de un alto grado de interés público. Podría decirse que una intrusión menor estaba justificada para mostrar un abuso mayor. Otro podría ser nuestro sentimiento si Kim hubiera estado llorando debido a una discusión con su hermano, y se hubiera tomado la foto para ilustrar una crónica de viajes, como ocurre a menudo con fotos de este tipo. Y otra podría haber sido nuestra actitud acerca del uso de la foto de un desnudo infantil en una crónica de viajes si el niño riera y jugara, sin darse cuenta de que se está tomando la fotografía. ¿Cambiaría la situación si Kim hubiera sido una adulta y no una niña?

Los fotógrafos que toman imágenes en un país para su uso en otro país a menudo piensan que tales imágenes no constituyen una intrusión porque no serán vistas por alguien que conozca o pueda identificar al niño. No todas las fotografías se hacen famosas y no todo el mundo evoluciona como Kim, hasta llegar a ser Embajadora de la UNESCO, invitada a reflexionar sobre los méritos o deméritos de su propia imagen, utilizada para resumir una guerra brutal y, posteriormente, utilizada de nuevo para ilustrar un momento determinante en la historia del reportaje fotográfico.

Las fotografías (películas) tienden a contar dos historias: una sobre el tema de la foto (película) situado frente a la lente, y otra sobre el fotógrafo (operador de la cámara), situado detrás de la lente. Esta segunda historia es más difícil de mostrar. ¿Conlleva una imagen una determinada moralidad? La respuesta es afirmativa, pero la ética de una foto varía, no solamente según lo plasmado en la foto, sino también según la manera de tomarla, quién y por qué la hizo, y cómo se utiliza, por quién y por qué. En un caso extremo, una foto de un niño tomada "inocentemente" puede ser utilizada más tarde por un pederasta para su satisfacción sexual. Sin embargo, el potencial para realizar abusos es también menos claro. Una fotografía tomada para una crónica y utilizada correctamente, puede más tarde ser sacada del archivo fotográfico y utilizarse como foto de acompañamiento en una historia sobre niños que viven en circunstancias difíciles. La publicación y el fotógrafo probablemente no tienen la menor idea lo que ha sucedido a ese niño entre tanto, y lo que (ahora mayor de edad) sentiría respecto a la utilización de su imagen. Queda de manifiesto que el permiso previo debería expirar tras cierto intervalo de tiempo.

También ha habido, desde la invención de la cámara, una tensión entre los fotógrafos y las personas fotografiadas, sobre quién posee el derecho a la imagen. Tales tensiones salen a la superficie en muy variadas ocasiones, y actualmente las plantean a menudo las personas célebres, que sostienen ser propietarios de su propia imagen, y que todo el mundo debería pagar por reproducirla. Los fotógrafos se resisten a esto con razón y defienden sus derechos. Sin embargo, los fotógrafos deberían dar a los niños un poco más de consideración. Ellos no han hecho nada para merecer la atención del comportamiento intrusivo al estilo paparazzi.

Hay algunos principios que pueden aplicarse, al menos en las entrevistas con Niños, y también (aunque con menos claridad) en la toma de fotografías o la filmación de niños. El primero es que los niños tienen derecho a la intimidad, y que puede pasarse por encima de este derecho únicamente en nombre del interés del niño o si es de interés público, y siempre que haya una autorización. Puede pretenderse que sacar una foto en la calle a un grupo de niños que ríen camino a la escuela no socava sus derechos, porque no les expone a daños o los ridiculiza ya que se tomó en un lugar público. Otros podrían cuestionarse si era necesario tomar la foto de esta manera. Muchos estarían de acuerdo en afirmar que sería absolutamente incorrecto tomar una foto desde lo alto de un muro de una escuela de los niños en el patio, sin conocimiento de los niños, los padres o el personal. No se trata aquí de un lugar público, y los niños tienen derecho a la privacidad.

Un periodista que se entreviste con un niño debería estar seguro de que el niño comprenda que lo que escriba o filme será publicado o difundido, así como dónde y por qué. Claramente, el niño debería dar su consentimiento al respecto y, dependiendo de la edad del niño, debería contarse asimismo con el consentimiento de un adulto responsable. Normalmente, la entrevista siempre debería realizarse en presencia de otro adulto. El adulto debería ser normalmente uno de los padres, pero podría ser otra persona que actúe en nombre de los padres, tal como un profesor, o alguien que trabaje para una organización de protección a la infancia. Los niños de más edad pueden hablar por sí mismos, pero existe el peligro de que incluso los jóvenes adolescentes puedan ser engañados o tomen una decisión rápida que lamenten más tarde. Los periodistas deberían plantearse si incluso los adolescentes de más edad entienden correctamente cómo va a utilizarse el material y si pueden dar su consentimiento ponderado. De hecho, cuanto mayor sea la edad del niño, más necesidad hay de explicarle exhaustivamente el uso que se dará al material y permitirle participar en el proceso para tomar la decisión.

En el caso de niños pequeños, siempre debe solicitarse el permiso de un adulto responsable, e incluso si el periodista cree que el adulto correspondiente ha tomado una decisión equivocada o destinada a proteger sus propios intereses, la decisión debe respetarse, excepto cuando haya un claro y poderoso interés público para actuar de otro modo. El autor del presenta capítulo se entrevistó con una joven adolescente que padecía dificultades de aprendizaje, abordándose un éxito deportivo que la adolescente deseaba dedicar a la memoria de su madre, que había muerto recientemente. La entrevista tuvo lugar con el permiso de un abuelo, pero la niña tenía una madre adoptiva nombrada por una autoridad local que luego retiró el permiso. Mi opinión (compartida por los abuelos) era que la niña sentiría autoestima al ver su fotografía con las medallas obtenidas y leer un artículo sobre ella en el diario. Pensé que la madre adoptiva sentía una desconfianza personal hacia los medios de comunicación y que ésta era la verdadera razón de su decisión. Sin embargo, sentí que debía dar carpetazo al asunto y no utilizarlo, porque la madre adoptiva era un adulto legalmente responsable. Si la joven hubiera denunciado un abuso o malos tratos o revelado un escándalo, la decisión habría sido diferente. En este caso no había ningún interés público, y no me correspondía a mí decidir cuál era el mejor interés de la joven.

En 2001, la Comisión de Denuncias de la Prensa (PCC) británica aceptó una denuncia contra el London Evening Standard después de que un reportero pasara una semana fingiendo ser un profesor ayudante, para escribir un "relato" sobre la escuela. Por lo general, la PCC se considera un gigante con pies de barro que falla muy a menudo al exigir responsabilidades a los medios de comunicación escritos, pero en esta ocasión respaldó la existencia de "infracciones graves" del Código de Práctica por dos motivos. Uno era que el reportero utilizó un subterfugio para acceder a la escuela. El otro era que su información accidentalmente permitió a personas que conocían la escuela identificar a un niño que había sufrido un abuso sexual. La PCC rechazó el argumento de la defensa de que el informe era de interés público, pues el periódico había escogido la escuela más o menos al azar y no investigaba un asunto especial. El hecho de mentir a los niños (lo que era necesario para conseguir sus fines) fue un factor determinante en la decisión de la PCC.

La cuestión de obtener un permiso es a menudo más inequívoca para los reporteros que para los fotógrafos. Lo más importante es que los profesionales de los medios de comunicación y las organizaciones de medios de comunicación discutan con antelación estos problemas y decidan las directrices y el modo de resolver los problemas. Las peores decisiones se toman generalmente cuando los plazos son breves y un redactor o productor se encuentra bajo presión para producir resultados. La ética estorba entonces y alguien que no haya recibido la formación o la preparación para tomar estas decisiones intentará simplemente hacerlas pasar como "órdenes de la dirección". Para el fotógrafo y el responsable de la cámara, una orientación poco científica pero útil es decirse que si lo que están haciendo les parece lamentable, se trata entonces, casi sin duda alguna, de un modo de proceder incorrecto.

¿Citar el nombre o no?

Uno de los problemas éticos más delicados es saber si conviene o no citar el nombre del menor o mostrar su rostro en las fotografías o películas. De acuerdo con las directrices de la FIP, los profesionales de los medios de comunicación deben:

"cuidar de no identificar visualmente o de cualquier otra manera al niño, a menos que se demuestre que es por razones de interés público; (cláusula 5)".

¿Cómo debe interpretarse esta cláusula?

Es interesante indicar que la Convención sobre los Derechos del Niño
incluye un derecho que todavía no se ha mencionado en la presente obra. De acuerdo con el artículo 7:

"El niño será inscripto inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos".

Por su parte, el artículo 8 reitera que los Estados:

"se comprometen a respetar el derecho del niño a preservar su identidad, incluidos la nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares de conformidad con la ley sin injerencias ilícitas".

Los autores de la Convención no tuvieron en mente a los medios de comunicación, pero resulta significativo que uno de los derechos fundamentales del niño sea el derecho a tener un nombre. Los periodistas no deberían tratar con ligereza este derecho en caso de que no se tema ningún daño. Si un niño fuese el protagonista de un relato que refleja bien su situación y en caso de que el niño no fuese una víctima, y el reportaje cuente con el acuerdo del niño y de los padres, además de no poner al niño en peligro, no hay motivos para ocultar el nombre o la imagen del niño. Esta es una actitud sumamente negativa, pero quizás corresponde a la cobertura negativa que ofrecen los medios de comunicación de los niños, que no los alienta a expresarse, o cuando no conocen el tema salvo en caso de que se presente algún tipo de problema. La cláusula de la FIP pretende responsabilizar a los medios de comunicación para mostrar que cuando identifican a un niño puedan justificarlo por razones de interés público, y no hacer recaer en la familia o en los críticos de los medios de comunicación la tarea de demostrar que se ha perjudicado al niño.

Existen numerosos casos, cuando un niño se ve implicado en un asunto judicial o sea confiado a la tutela de las autoridades locales, en que es ilícito nombrar al niño en relación con el procedimiento o los hechos que dieron lugar a éste. Esta legislación varía de un país a otro, pero los periodistas, en cualquier caso, nunca deben dar el nombre de un niño que sea víctima de una agresión sexual o de una violación.

Cuando trabajen con reportajes sobre abusos sexuales, los medios de comunicación deben actuar de acuerdo con los principios de dos partes esenciales del Protocolo facultativo sobre la venta de niños, la prostitución del menor y la utilización de niños en la pornografía.

La primera exhorta a los Estados a proteger:

"la vida privada e identidad de los niños víctimas... evitar la difusión improcedente de la información que podría dar lugar a su identificación".

El segundo principio clave insta a los Estados a:

"Promover la sensibilización del público en general, incluidos los niños, por medio de la información en todos los medios de comunicación apropiados, la educación y la formación, sobre las medidas preventivas para evitar estas prácticas proscritas y los efectos nefastos de estas última".

En cuyo contexto los medios de comunicación deben realizar eficazmente su trabajo.

Entre los dos extremos de una noticia feliz y la información sobre abusos sexuales, existen diversas circunstancias y realidades que exigen se tome la decisión de si es conveniente o no identificar a un niño.

La razón por la que los medios de comunicación prefieren mostrar el rostro de la gente y dar sus nombres es que los periodistas abordan la vida real y las personas de carne y hueso humanizan sus reportajes. Si se acostumbra citar a las personas con un nombre ficticio, se corre el riesgo de debilitar la atención concedida a los interesados y a su situación. Existiría entonces la tentación de cambiar uno o dos detalles para "mejorar" la historia, dado que se trata de una persona ficticia. La ventaja de utilizar nombres y rostros reales, es que el periodista se haga responsable de su reportaje. Si se ofrece información específica sobre un niño, los medios de comunicación ponen de relieve que se valora a un niño en el artículo y que no se le está utilizando de forma impersonal.

El primer deber de los medios de comunicación es no causar más daño al niño, y en muchos casos ese daño adicional lo provocará la publicidad que identifique al niño y llame la atención pública. Sin embargo, al sopesar el interés público y los derechos del niño a la vida privada, los profesionales de los medios de comunicación deben tener en cuenta la importancia que representa para un niño su propio nombre. Si se cambia automáticamente el nombre de un niño, independientemente del contexto, eso también le deshumaniza, ya que tiene derecho a ver el resultado final y a preguntarse por qué el periodista, que parecía tan agradable, se "equivocó de nombre'. A menudo, basta con utilizar un nombre, y en esta época de creciente preocupación debido a la pederastia, sería sin duda irresponsable que, cualesquiera fueran las circunstancias, los medios de comunicación identificaran la dirección de un niño.

Es indudable que este planteamiento debe equilibrarse teniendo en cuenta los casos en los que se perjudicaría al niño. Los periodistas deberían tenerlo siempre presente. Un profesional de los medios de comunicación debería recordar a un joven, incluso si se trata de un adolescente de más edad, que el placer de contemplarse en la televisión o de ver su fotografía en un periódico debe examinarse con lo que pueda pensar un año más tarde, si esta publicidad comprometiera de uno u otro modo sus perspectivas.

Entrevistar a los niños

Ya hemos establecido que el abuso se basa en una ambivalencia de poder, y que en una entrevista, l profesional de los medios tiene mucho más poder que el niño. ¿Cómo puede realizarse efectivamente una entrevista y seguir respetando los derechos del niño?

  • Las entrevistas con niños deberían realizarse cuidadosamente y, excepto en circunstancias excepcionales, siempre deben tener lugar en presencia de una persona que vele por el mejor interés del niño, lo proteja y pida una interrupción en caso necesario.

  • El entrevistador debería sentarse o colocarse a la misma altura que el niño y
    no hablar con él "por encima del hombro", tanto en sentido literal como metafórico.

  • En el caso de las entrevistas por radio o televisión, es esencial que el niño esté relajado y no distraído o atemorizado por la cámara u otros aparatos. Así, podría ser conveniente que los cámaras dediquen cierto tiempo a los niños hasta que éstos dejen de centrar su atención en las cámaras y las luces.

  • Las preguntas deben ser dirigidas al niño, no a un adulto, y el adulto debe observar y no intervenir, de otra manera, se obtendrá la versión del adulto y no la del niño.

  • El entrevistador debería adoptar una voz tranquila y afable, pero neutra, y
    no reaccionar conmocionado o asombrado ante lo que escucha.

  • Las preguntas deben ser claras y directas y no deben guiar al niño. Para comenzar haga preguntas abiertas (de manera que el niño no se sienta presionado a responder de ninguna forma en particular) y luego utilice preguntas cerradas para ceñirse a los hechos que debe revisar.

  • Las preguntas pueden repetirse en otros términos para verificar que el niño ha comprendido y expresado claramente.

  • Es mejor hacer preguntas precisas sobre lo que alguien dijo e hizo, que indagar sobre las sensaciones experimentadas por el niño. Si el niño se siente cómodo en la entrevista, a menudo revelará como se sintió, pero puede sentirse presionado por preguntas directas sobre sentimientos.

  • Siempre que sea posible, debería buscarse la corroboración (aunque ésta es buena práctica para toda clase de entrevistas).

  • Si se entrevista a través de un intérprete, se debe tener cuidado de que el intérprete traduzca exactamente lo que el niño dice y no actúe de mediador o resuma las respuestas.

  • Se aconseja generalmente que los periodistas establezcan un contacto visual cuando realizan una entrevista. Esto no es siempre recomendable con un niño, particularmente cuando esté nervioso o turbado. Cuando entrevisté a niños que habían sido secuestrados por un ejército rebelde y describían horribles maltratos, me sorprendió que con mucha frecuencia tenían la mirada perdida y hablaban como si se dirigieran a sí mismos.

  • Una razón por la que se ha subestimado el abuso de los niños es que la palabra de un adulto se acepta frente a la palabra de un niño. De hecho, es menos probable la mentira de un niño que la de un adulto, y los tribunales experimentados reconocen ahora que, con el apoyo correcto, los niños son testigos excelentes y generalmente sinceros. Y cuando son entrevistados su actitud es excelente, directa y abierta.

    Aunque generalmente sean sinceros, los niños que han sufrido problemas
    (relacionados con la criminalidad o la explotación sexual) se presentan a veces a sí mismos como observadores pasivos de acontecimientos que suceden a su alrededor. Es posible que convenga preguntarles con gentileza sobre su propio papel. "¿Dónde estabas cuando sucedió esto? ¿Qué hacías en ese momento?" Cabe recordar a un niño que el entrevistador no es un agente de policía ni va a juzgarle, pero también tiene el deber de no acorralar al niño para que confiese o se culpe. Si un niño parece contradecirse, hay que ser paciente, e insistir formulando las preguntas de otro modo. No insista si el niño se muestra reacio a contestar. Siga adelante. Limite la duración de la entrevista y déjese orientar por el adulto que está presente acompañando al niño.

    Conclusión

    Aquellos que buscan una lista recapitulativa como documento de trabajo, podrían encontrar este capítulo sumamente impreciso. El deber global de un periodista u otro profesional de los medios de comunicación al realizar este tipo de trabajo es actuar teniendo en cuenta el interés superior del niño y de la infancia, e intentar tratar los problemas éticos con claridad y honradez. Esto no impide que se comentan equivocaciones, pero mejoraría sensiblemente la calidad de los reportajes que ofrecen los medios de comunicación en relación con los problemas infantiles.

La Convención sobre los Derechos del Niño se basa en los principios de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad, cualidades que los periodistas deberán manifestar hacia los niños. Como se indica en el preámbulo de las directrices de la FIP: " El periodismo informado, sensibilizado y profesional es un elemento clave en toda estrategia de los medios de comunicación para mejorar la calidad de los reportajes que atañen a los derechos humanos y a la sociedad. El desafío diario que se plantea a los periodistas y a las organizaciones de los medios de comunicación es particularmente palpable a la hora de cubrir el tema de los niños y de sus derechos."

Los medios de comunicación son los primeros responsables por velar que los menores no resulten perjudicados ni sean objeto de explotación debido a la cobertura de los mismos. Deberán establecer protocolos claros para decidir el momento oportuno para filmar o entrevistar a los jóvenes, cuándo y cómo se debe solicitar una autorización y el modo en que se explicará este procedimiento a los propios jóvenes. Por otra parte, las organizaciones de los medios de comunicación deberían tener métodos claros para discutir y resolver los casos difíciles. Estos procedimientos deben ir más allá del nombramiento de una persona responsable de tomar las decisiones. Deben resumir un método que permita mantener una discusión profesional al respecto, incluso (y en especial) cuando los plazos sean estrictos.

Una organización tiene que asumir mucho más que una responsabilidad colectiva. Cada periodista y cada profesional de los medios de comunicación también tiene una responsabilidad individual de actuar éticamente, incluso cuando esté bajo presión para producir resultados. El hecho de "obedecer órdenes" no podrá utilizarse como excusa para infligir daño a los niños. Los periodistas y los profesionales de los medios de comunicación tienen la obligación de seguir sus propios códigos de conducta y trabajar según su conciencia, incluso si corre el riesgo de provocar el descontento de la dirección.

Normas: negarse a aceptar zonas francas

Este guía ha sido redactada pensando principalmente en los profesionales de los medios de comunicación dedicados a las noticias y los asuntos de actualidad. No obstante, se aplica igualmente a los que se dedican al deporte, la moda o el ocio. En materia de normas, no debería haber zonas francas. Numerosas empresas de medios de comunicación parecen adoptar un doble rasero, con unos departamentos de noticias y crónicas que funcionan de acuerdo con ciertos códigos, y secciones de ocio donde los límites apenas existen.

Para la industria de la música popular, con canales internacionales de televisión como MTV, donde los vídeos de pop constituyen una buena parte de la producción, hay medios muy significativos de interesar a los jóvenes y a los niños, incluso a aquellos demasiado jóvenes para asistir a conciertos o comprar discos compactos. Las mujeres se presentan a menudo como seres infantiles, asexuados pero provocativos, peligrosos, y todavía como víctimas. En un análisis de 166 vídeos difundidos por MTV, WTBS y NBC en 1984, Barry Sherman y Joseph Dominick llamaron la atención sobre la representación de las mujeres jóvenes como agresoras o como víctimas . Los medios de comunicación están demasiado a menudo orientados hacia "los mercados y el poder" y no hacia los propios jóvenes. En la televisión, los niños no tienen ningún poder. "Asumen las características de una minoría social que goza de menos atención, así como sus valores y recursos, y por tanto tienen menos oportunidades de vida."

La cuestión de la libertad de expresión es especialmente pertinente en el caso de los niños. ¿Cuál es la distinción, por ejemplo, entre la pornografía, y la representación justificable de la "sexualidad infantil" en las artes y en el cine? Se afirma que el Tribunal Supremo de EE.UU., en su preocupación por proteger a los niños, ha suprimido de la legislación "elementos importantes de protección de la expresión oral previstos en la ley", incluida "la protección tradicionalmente permitida a la expresión artística".

Sin embargo, el abogado americano Andrew Vachss, especialista en casos de abusos infantiles, cree que la controversia sobre el arte es una cortina de humo lanzada por la comunidad pederasta: el problema no consiste en dilucidar "¿qué es el arte?" sino "¿qué es una víctima?" y ya no puede aceptarse que un pornógrafo infantil diga que es una víctima de la censura, al igual que es insostenible para un delincuente reivindicar que su campo de actividad es el arte de la interpretación.

No se espera que los profesionales de los medios de comunicación juzguen casos para los que existen tribunales que son los únicos órganos competentes a tal efecto. Sin embargo, si la publicación para la que trabaja un periodista incluye anuncios que atraen a pederastas, o la cadena de TV que presenta un documental de investigación expone a los niños a contemplar material perjudicial en su hora habitual de audiencia, todos los profesionales de los medios de comunicación tienen el deber de pasar por encima de su papel y persuadir a los medios de comunicación para que actúen de manera procedente.

 
Federación Internacional de Periodistas (FIP)
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