Entrevistar, fotografiar y filmar a los niños
Las
directrices que acompañan el presente folleto no pretenden resolver
las cuestiones éticas de los periodistas. Como ya se ha señalado,
proporcionan un marco para que los profesionales de los medios de comunicación
reflexionen sobre estos temas delicados. En esta sección se abordan
algunos de los problemas prácticos que los periodistas deberán
tener en cuenta.
Cada
niño es un ser humano
Los medios de comunicación
contribuyen a veces a mantener mitos que dañan la percepción
por parte de la opinión pública, pues muestran a los niños
solamente como pecadores o como víctimas. En 1995, la Dra. Magda
Michielsens, de la Universidad de Nimega, en Países Bajos, analizó
la presentación de las víctimas en los noticiarios de
siete canales de televisión de Europa. Llegó a la conclusión
de que generalmente se concede a las víctimas poca consideración,
siendo mucho menos probable que las víctimas de África
sean consideradas como individuos y se les brinde la ocasión
de expresarse, en relación con las de Europa.
En palabras e imágenes,
los niños pueden considerarse a menudo como cifras que representan
la juventud, la esperanza, la alegría, la miseria o la desesperación,
pero no se les considera plenamente como seres humanos por derecho propio.
Naturalmente, cada niño es un ser humano y, mientras que la imagen
de una niña o de un niño puede considerarse como representativas
de una generación, una persona no "representa" nada
en particular, sino que es una persona única y le corresponde
la plenitud de los derechos humanos. Al entrevistarse con niños
han de aplicarse los mismos principios que en una entrevista con adultos,
aunque a veces los principios deban ser aplicados de diversa manera.
El primer requisito es que cada niño sea tratado con respeto
y en calidad de individuo. Esto plantea problemas complejos a los reporteros,
y problemas más complejos todavía a los fotógrafos
y los autores de reportajes sobre niños.
Obtener
el consentimiento para fotografiar o entrevistar
Algunas personas
que trabaja en el ámbito de los derechos de la infancia sostienen
que los niños nunca deberían ser fotografiados sin su
consentimiento específico. Si esto se aplicase estrictamente,
significaría que raramente se podría filmar o fotografiar
a niños en grupos espontáneos, y que apenas habría
películas o incluso fotografías de refugiados, de niños
de la calle o de niños jugando, pues estas imágenes se
toman a menudo a distancia, incluso sin que haya un encuentro con el
niño. Es difícil pensar que la supresión de imágenes
de los niños en nuestras pantallas de TV o en los periódicos
permitiera que sus derechos progresaran.
Una de las fotografías
a las que se atribuye el cambio de la opinión occidental con
relación a la guerra de Vietnam fue la famosa foto de Nick Ut
de la niña de 9 años, Kim Phuc, corriendo carretera arriba
en las afueras de Trang Bang, desnuda y llorando. La fotografía,
tomada en 1972, mostró el horror de la guerra a través
de una imagen infantil. A Kim Phuc no se le solicitó permiso,
y ningún asistente social dio su consentimiento.
Uno de los trabajos
de un periodista (tanto si trabaja con un ordenador portátil
o con una cámara) es meter la nariz en los asuntos de otras personas,
observar, tomar nota y decir a los demás lo que sucedió.
Cuando los acontecimientos se producen con rapidez, los periodistas
tienen que actuar con celeridad y sin pedir permiso. Indudablemente
se infringieron los derechos de Kim Phuc cuando se tomó esta
fotografía, pero no es nada en comparación con el daño
mucho más grave que consistió en lanzar napalm sobre su
pueblo. La mayor parte de la gente afirmaría que la toma y muestra
de esta fotografía va acompañada de un alto grado de interés
público. Podría decirse que una intrusión menor
estaba justificada para mostrar un abuso mayor. Otro podría ser
nuestro sentimiento si Kim hubiera estado llorando debido a una discusión
con su hermano, y se hubiera tomado la foto para ilustrar una crónica
de viajes, como ocurre a menudo con fotos de este tipo. Y otra podría
haber sido nuestra actitud acerca del uso de la foto de un desnudo infantil
en una crónica de viajes si el niño riera y jugara, sin
darse cuenta de que se está tomando la fotografía. ¿Cambiaría
la situación si Kim hubiera sido una adulta y no una niña?
Los fotógrafos
que toman imágenes en un país para su uso en otro país
a menudo piensan que tales imágenes no constituyen una intrusión
porque no serán vistas por alguien que conozca o pueda identificar
al niño. No todas las fotografías se hacen famosas y no
todo el mundo evoluciona como Kim, hasta llegar a ser Embajadora de
la UNESCO, invitada a reflexionar sobre los méritos o deméritos
de su propia imagen, utilizada para resumir una guerra brutal y, posteriormente,
utilizada de nuevo para ilustrar un momento determinante en la historia
del reportaje fotográfico.
Las fotografías
(películas) tienden a contar dos historias: una sobre el tema
de la foto (película) situado frente a la lente, y otra sobre
el fotógrafo (operador de la cámara), situado detrás
de la lente. Esta segunda historia es más difícil de mostrar.
¿Conlleva una imagen una determinada moralidad? La respuesta
es afirmativa, pero la ética de una foto varía, no solamente
según lo plasmado en la foto, sino también según
la manera de tomarla, quién y por qué la hizo, y cómo
se utiliza, por quién y por qué. En un caso extremo, una
foto de un niño tomada "inocentemente" puede ser utilizada
más tarde por un pederasta para su satisfacción sexual.
Sin embargo, el potencial para realizar abusos es también menos
claro. Una fotografía tomada para una crónica y utilizada
correctamente, puede más tarde ser sacada del archivo fotográfico
y utilizarse como foto de acompañamiento en una historia sobre
niños que viven en circunstancias difíciles. La publicación
y el fotógrafo probablemente no tienen la menor idea lo que ha
sucedido a ese niño entre tanto, y lo que (ahora mayor de edad)
sentiría respecto a la utilización de su imagen. Queda
de manifiesto que el permiso previo debería expirar tras cierto
intervalo de tiempo.
También ha
habido, desde la invención de la cámara, una tensión
entre los fotógrafos y las personas fotografiadas, sobre quién
posee el derecho a la imagen. Tales tensiones salen a la superficie
en muy variadas ocasiones, y actualmente las plantean a menudo las personas
célebres, que sostienen ser propietarios de su propia imagen,
y que todo el mundo debería pagar por reproducirla. Los fotógrafos
se resisten a esto con razón y defienden sus derechos. Sin embargo,
los fotógrafos deberían dar a los niños un poco
más de consideración. Ellos no han hecho nada para merecer
la atención del comportamiento intrusivo al estilo paparazzi.
Hay algunos principios
que pueden aplicarse, al menos en las entrevistas con Niños,
y también (aunque con menos claridad) en la toma de fotografías
o la filmación de niños. El primero es que los niños
tienen derecho a la intimidad, y que puede pasarse por encima de este
derecho únicamente en nombre del interés del niño
o si es de interés público, y siempre que haya una autorización.
Puede pretenderse que sacar una foto en la calle a un grupo de niños
que ríen camino a la escuela no socava sus derechos, porque no
les expone a daños o los ridiculiza ya que se tomó en
un lugar público. Otros podrían cuestionarse si era necesario
tomar la foto de esta manera. Muchos estarían de acuerdo en afirmar
que sería absolutamente incorrecto tomar una foto desde lo alto
de un muro de una escuela de los niños en el patio, sin conocimiento
de los niños, los padres o el personal. No se trata aquí
de un lugar público, y los niños tienen derecho a la privacidad.
Un periodista que
se entreviste con un niño debería estar seguro de que
el niño comprenda que lo que escriba o filme será publicado
o difundido, así como dónde y por qué. Claramente,
el niño debería dar su consentimiento al respecto y, dependiendo
de la edad del niño, debería contarse asimismo con el
consentimiento de un adulto responsable. Normalmente, la entrevista
siempre debería realizarse en presencia de otro adulto. El adulto
debería ser normalmente uno de los padres, pero podría
ser otra persona que actúe en nombre de los padres, tal como
un profesor, o alguien que trabaje para una organización de protección
a la infancia. Los niños de más edad pueden hablar por
sí mismos, pero existe el peligro de que incluso los jóvenes
adolescentes puedan ser engañados o tomen una decisión
rápida que lamenten más tarde. Los periodistas deberían
plantearse si incluso los adolescentes de más edad entienden
correctamente cómo va a utilizarse el material y si pueden dar
su consentimiento ponderado. De hecho, cuanto mayor sea la edad del
niño, más necesidad hay de explicarle exhaustivamente
el uso que se dará al material y permitirle participar en el
proceso para tomar la decisión.
En el caso de niños
pequeños, siempre debe solicitarse el permiso de un adulto responsable,
e incluso si el periodista cree que el adulto correspondiente ha tomado
una decisión equivocada o destinada a proteger sus propios intereses,
la decisión debe respetarse, excepto cuando haya un claro y poderoso
interés público para actuar de otro modo. El autor del
presenta capítulo se entrevistó con una joven adolescente
que padecía dificultades de aprendizaje, abordándose un
éxito deportivo que la adolescente deseaba dedicar a la memoria
de su madre, que había muerto recientemente. La entrevista tuvo
lugar con el permiso de un abuelo, pero la niña tenía
una madre adoptiva nombrada por una autoridad local que luego retiró
el permiso. Mi opinión (compartida por los abuelos) era que la
niña sentiría autoestima al ver su fotografía con
las medallas obtenidas y leer un artículo sobre ella en el diario.
Pensé que la madre adoptiva sentía una desconfianza personal
hacia los medios de comunicación y que ésta era la verdadera
razón de su decisión. Sin embargo, sentí que debía
dar carpetazo al asunto y no utilizarlo, porque la madre adoptiva era
un adulto legalmente responsable. Si la joven hubiera denunciado un
abuso o malos tratos o revelado un escándalo, la decisión
habría sido diferente. En este caso no había ningún
interés público, y no me correspondía a mí
decidir cuál era el mejor interés de la joven.
En 2001, la Comisión
de Denuncias de la Prensa (PCC) británica aceptó una denuncia
contra el London Evening Standard después de que un reportero
pasara una semana fingiendo ser un profesor ayudante, para escribir
un "relato" sobre la escuela. Por lo general, la PCC se considera
un gigante con pies de barro que falla muy a menudo al exigir responsabilidades
a los medios de comunicación escritos, pero en esta ocasión
respaldó la existencia de "infracciones graves" del
Código de Práctica por dos motivos. Uno era que el reportero
utilizó un subterfugio para acceder a la escuela. El otro era
que su información accidentalmente permitió a personas
que conocían la escuela identificar a un niño que había
sufrido un abuso sexual. La PCC rechazó el argumento de la defensa
de que el informe era de interés público, pues el periódico
había escogido la escuela más o menos al azar y no investigaba
un asunto especial. El hecho de mentir a los niños (lo que era
necesario para conseguir sus fines) fue un factor determinante en la
decisión de la PCC.
La cuestión
de obtener un permiso es a menudo más inequívoca para
los reporteros que para los fotógrafos. Lo más importante
es que los profesionales de los medios de comunicación y las
organizaciones de medios de comunicación discutan con antelación
estos problemas y decidan las directrices y el modo de resolver los
problemas. Las peores decisiones se toman generalmente cuando los plazos
son breves y un redactor o productor se encuentra bajo presión
para producir resultados. La ética estorba entonces y alguien
que no haya recibido la formación o la preparación para
tomar estas decisiones intentará simplemente hacerlas pasar como
"órdenes de la dirección". Para el fotógrafo
y el responsable de la cámara, una orientación poco científica
pero útil es decirse que si lo que están haciendo les
parece lamentable, se trata entonces, casi sin duda alguna, de un modo
de proceder incorrecto.
¿Citar
el nombre o no?
Uno de los problemas éticos más delicados es saber si
conviene o no citar el nombre del menor o mostrar su rostro en las fotografías
o películas. De acuerdo con las directrices de la FIP, los profesionales
de los medios de comunicación deben:
"cuidar
de no identificar visualmente o de cualquier otra manera al niño,
a menos que se demuestre que es por razones de interés público;
(cláusula 5)".
¿Cómo
debe interpretarse esta cláusula?
Es interesante indicar
que la Convención sobre los Derechos del Niño
incluye un derecho que todavía no se ha mencionado en la presente
obra. De acuerdo con el artículo 7:
"El niño
será inscripto inmediatamente después de su nacimiento
y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad
y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado
por ellos".
Por su parte, el
artículo 8 reitera que los Estados:
"se comprometen
a respetar el derecho del niño a preservar su identidad, incluidos
la nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares de conformidad
con la ley sin injerencias ilícitas".
Los autores de la
Convención no tuvieron en mente a los medios de comunicación,
pero resulta significativo que uno de los derechos fundamentales del
niño sea el derecho a tener un nombre. Los periodistas no deberían
tratar con ligereza este derecho en caso de que no se tema ningún
daño. Si un niño fuese el protagonista de un relato que
refleja bien su situación y en caso de que el niño no
fuese una víctima, y el reportaje cuente con el acuerdo del niño
y de los padres, además de no poner al niño en peligro,
no hay motivos para ocultar el nombre o la imagen del niño. Esta
es una actitud sumamente negativa, pero quizás corresponde a
la cobertura negativa que ofrecen los medios de comunicación
de los niños, que no los alienta a expresarse, o cuando no conocen
el tema salvo en caso de que se presente algún tipo de problema.
La cláusula de la FIP pretende responsabilizar a los medios de
comunicación para mostrar que cuando identifican a un niño
puedan justificarlo por razones de interés público, y
no hacer recaer en la familia o en los críticos de los medios
de comunicación la tarea de demostrar que se ha perjudicado al
niño.
Existen numerosos
casos, cuando un niño se ve implicado en un asunto judicial o
sea confiado a la tutela de las autoridades locales, en que es ilícito
nombrar al niño en relación con el procedimiento o los
hechos que dieron lugar a éste. Esta legislación varía
de un país a otro, pero los periodistas, en cualquier caso, nunca
deben dar el nombre de un niño que sea víctima de una
agresión sexual o de una violación.
Cuando trabajen
con reportajes sobre abusos sexuales, los medios de comunicación
deben actuar de acuerdo con los principios de dos partes esenciales
del Protocolo facultativo sobre la venta de niños, la prostitución
del menor y la utilización de niños en la pornografía.
La primera exhorta
a los Estados a proteger:
"la vida
privada e identidad de los niños víctimas... evitar la
difusión improcedente de la información que podría
dar lugar a su identificación".
El segundo principio
clave insta a los Estados a:
"Promover
la sensibilización del público en general, incluidos los
niños, por medio de la información en todos los medios
de comunicación apropiados, la educación y la formación,
sobre las medidas preventivas para evitar estas prácticas proscritas
y los efectos nefastos de estas última".
En cuyo contexto
los medios de comunicación deben realizar eficazmente su trabajo.
Entre los dos extremos
de una noticia feliz y la información sobre abusos sexuales,
existen diversas circunstancias y realidades que exigen se tome la decisión
de si es conveniente o no identificar a un niño.
La razón
por la que los medios de comunicación prefieren mostrar el rostro
de la gente y dar sus nombres es que los periodistas abordan la vida
real y las personas de carne y hueso humanizan sus reportajes. Si se
acostumbra citar a las personas con un nombre ficticio, se corre el
riesgo de debilitar la atención concedida a los interesados y
a su situación. Existiría entonces la tentación
de cambiar uno o dos detalles para "mejorar" la historia,
dado que se trata de una persona ficticia. La ventaja de utilizar nombres
y rostros reales, es que el periodista se haga responsable de su reportaje.
Si se ofrece información específica sobre un niño,
los medios de comunicación ponen de relieve que se valora a un
niño en el artículo y que no se le está utilizando
de forma impersonal.
El primer deber
de los medios de comunicación es no causar más daño
al niño, y en muchos casos ese daño adicional lo provocará
la publicidad que identifique al niño y llame la atención
pública. Sin embargo, al sopesar el interés público
y los derechos del niño a la vida privada, los profesionales
de los medios de comunicación deben tener en cuenta la importancia
que representa para un niño su propio nombre. Si se cambia automáticamente
el nombre de un niño, independientemente del contexto, eso también
le deshumaniza, ya que tiene derecho a ver el resultado final y a preguntarse
por qué el periodista, que parecía tan agradable, se "equivocó
de nombre'. A menudo, basta con utilizar un nombre, y en esta época
de creciente preocupación debido a la pederastia, sería
sin duda irresponsable que, cualesquiera fueran las circunstancias,
los medios de comunicación identificaran la dirección
de un niño.
Es indudable que
este planteamiento debe equilibrarse teniendo en cuenta los casos en
los que se perjudicaría al niño. Los periodistas deberían
tenerlo siempre presente. Un profesional de los medios de comunicación
debería recordar a un joven, incluso si se trata de un adolescente
de más edad, que el placer de contemplarse en la televisión
o de ver su fotografía en un periódico debe examinarse
con lo que pueda pensar un año más tarde, si esta publicidad
comprometiera de uno u otro modo sus perspectivas.
Entrevistar a los niños
Ya hemos establecido que el abuso se basa en una ambivalencia de poder,
y que en una entrevista, l profesional de los medios tiene mucho más
poder que el niño. ¿Cómo puede realizarse efectivamente
una entrevista y seguir respetando los derechos del niño?