Por qué los periodistas necesitan directrices
para informar sobre los niños
Se
espera que los periodistas trabajen con un elevado grado de autonomía,
que decidan a quién deben entrevistar, fotografiar, filmar o
grabar y qué forma darle al material que recogen en un artículo
o para un programa. En el curso de este trabajo los responsables o el
público a menudo hacer sugerencias, o intentan indicarles qué
material deben usar o no. Por lo general, los periodistas resisten a
los intentos de que les digan cómo hacer su trabajo. El aspecto
positivo es que los periodistas no sucumben fácilmente a la presión
de alterar una historia para que se adapte mejor a los intereses creados.
El negativo es que los periodistas rara vez entablan un debate acerca
de temas éticos con personas fuera del sector. Lamentablemente,
muchos periodistas se muestran intransigentes en relación con
el exterior y acaban plegándose a las órdenes procedentes
del interior. En efecto, resisten bien a los intentos externos de influir
en lo que escriben o filman, pero sucumben sin protestar en el seno
de sus organizaciones a las instrucciones que contravienen su deontología,
o a restricciones drásticas que perjudican la integridad de su
material.
El propósito
de las directrices es influir sobre la manera en que los periodistas
hacen su trabajo. Las mejores directrices no son un conjunto de prescripciones
sobre lo que debe hacerse y lo que no debe hacerse, sino que proporcionan
un marco de reflexión profunda sobre las cuestiones éticas.
Este tipo de directrices ayuda a los periodistas a recurrir a su juicio
profesional y a darles una mayor confianza en la manera en que tratan
los problemas y cómo deciden resolverlos. Los periodistas que
reflexionan teniendo en cuenta las cuestiones éticas actúan
con mayor libertad, ya que están confiados en que pueden aplicar
los principios de una manera coherente. Estas directrices también
proporcionan a los periodistas de primera línea, los que dan
la cara al público, una base para cuestionar el uso inapropiado
de ese material o las distorsiones introducidas durante el proceso de
edición. Las directrices son de gran utilidad para los profesionales
que dirigen el trabajo de otros periodistas o que editan y procesan
el material. Por último, las directrices pueden concienciar al
público acerca de la manera en que los periodistas enfocan su
trabajo y permite a los periodistas defender sus decisiones en público.
Los periodistas
se suscriben a un código de conducta, publicado por su sindicato
de prensa, su asociación profesional o empleador. No obstante,
en la práctica, la mayoría de los periodistas tienen una
idea superficial de los códigos y se basan en una idea general
de sus principios.
Por otra parte,
los niños requieren protocolos precisos a fin de que sus derechos
humanos queden protegidos. Estos protocolos permitirán a los
niños que vean que los periodistas toman estos asuntos y puntos
de vista en serio.
Aseguran que los
periodistas, fotógrafos, cameras y profesionales de la prensa
no violen los derechos de los niños. La mayoría de los
adultos son capaces de decidir qué tipo de participación
desean tener en los medios de comunicación y de tomar decisiones
informadas respecto al alcance de su colaboración. Los niños
y las personas jóvenes no tienen los conocimientos ni la experiencia
para tomar una decisión de este tipo. Es probable que un niño
se entusiasme (o se asuste) al ver las cámaras o a los técnicos
de la televisión, dependiendo de su edad y experiencia. El tema
sobre dar el nombre de los niños o filmarlos, o de obtener su
consentimiento se discute detalladamente en la sección Entrevistar,
fotografiar y filmar a los niños.
No existe igualdad
de condiciones entre el periodista, el fotógrafo o el realizador
del programa y el niño, y donde existe un desequilibrio de poder
existe un espacio potencial para la explotación. Por eso,
los periodistas que toman estas directrices seriamente,
protegen a los niños y al mismo tiempo a sí mismos.