Introducción
Si
los derechos de los niños ocupan un lugar predominante en los
principales medios de comunicación, por lo general es en el contexto
de abusos y explotación de niños o por sensacionalismo.
Los niños suelen ser vistos y escuchados a distancia, lo que
refleja su debilidad y que no deja de salir a la luz en todo debate
sobre los medios de comunicación y los derechos del niño,
de modo que rara vez se permite a los menores hablar en su propio nombre.
Sensibilizar con
respecto a los derechos de los niños y promover los derechos
del niño es un desafío que se plantea a los medios de
comunicación. Los medios de comunicación no sólo
deben informar de manera imparcial, honesta y precisa sobre la experiencia
de la infancia, sino que también deben dar espacio para las opiniones
diversas, originales y creativas de los propios niños. Ya sea
en las noticias y los asuntos de actualidad o en el complejo mundo de
las artes creativas e interpretativas, todos los profesionales de los
medios de la comunicación, y las organizaciones para las que
trabajan, tienen la responsabilidad de reconocer los derechos del niño
y reflejarlos en su trabajo.
Sin embargo, ¿cómo
sensibilizar?. La respuesta requiere un examen de la manera en que trabajan
los medios de comunicación, de cómo se aplican los principios
existentes de responsabilidad y cómo es preciso liberar a los
medios de comunicación de las riendas del control político
y económico que limita el profesionalismo y socava las normas
éticas. No será fácil. En un mundo de rápidos
cambios tecnológicos y la globalización de la información,
la competencia comercial ha provocado un perceptible descenso en las
normas en los medios de comunicación tradicionales. Al mismo
tiempo, muchos gobiernos y autoridades públicas manipulan la
información a través de regulaciones o formas de censura,
a menudo para satisfacer estrechos objetivos políticos más
que para satisfacer las necesidades de las personas o proteger los derechos
del niño. Ya sea motivados por objetivos comerciales o sujetos
a controles políticos, los periodistas y los profesionales de
los medios de comunicación son objeto de una presión creciente.
Sensibilizar
Los medios de comunicación
desempeñan un papel importante en la sensibilización del
público en relación con los derechos del niño,
pero pueden mostrarse ambiguos. Aun cuando los periodistas puedan revelar
casos de abusos y sensibilizar con respecto a los derechos de los niños,
los medios de comunicación también infiltran en el público
actitudes tolerantes hacia la pornografía y la prostitución
infantil o proporcionan los medios (por ejemplo, los anuncios) que exponen
a los niños a los autores de los abusos. Por una parte, los medios
noticiosos cuentan la historia de la persona que ha sufrido el abuso
y de la persona que lo ha cometido, a través de reportajes, fotografías,
documentales y obras dramáticas. Sin embargo, por otra parte,
pueden convertirse ellos mismos en explotadores, creando imágenes
sexualmente provocadoras en las noticias o la publicidad o, peor aún,
como el vehículo de pornografía infantil o una fuente
de información para las redes de pederastas.
La manera en que
los medios de comunicación representan a los niños ejerce
un profundo impacto sobre la actitud de la sociedad hacia los niños
y la infancia, que también afecta a la manera en que los adultos
se comportan. Además, las imágenes de sexo y violencia
que los niños ven influyen sus propias expectativas respecto
al papel que desempeñan en la vida. Varios países se muestran
cada vez más alarmados de que la manera en que se representa
a los niños puede incrementar los riesgos que corren. Preocupa
hasta qué punto el comportamiento de los niños está
influido por lo que ven en la televisión, especialmente con respecto
a la violencia. Otra interrogante de crucial importancia es si los medios
de comunicación alientan a los niños a tener, o a mostrar,
una precocidad sexual activa, especialmente a través de la cobertura
de la música pop y la moda.
Los periodistas
necesitan ser sensibles respecto a las consecuencias de la información
que proporcionan. La cooperación de los grupos de prensa y de
los periodistas y su orientación hacia la salvaguarda de derechos
y la dignidad de los niños y los jóvenes es sumamente
importante para todos los que luchan por un mayor reconocimiento de
los derechos del niño. La cobertura sensacionalista puede distorsionar
y explotar un problema grave, haciendo más mal que bien. Algunos
directores de diarios afirman que el sensacionalismo permite captar
la atención de lectores y telespectadores hacia temas sociales
graves.
No obstante, esa cobertura rara vez analiza las causas sociales y económicas
del abuso de los niños; la dislocación de las comunidades
y de las familias, el problema de la falta de vivienda, la corrupción
de los empleadores, los proxenetas, la cultura de la droga o por qué
los padres que viven en la pobreza venden a un hijo para mantener al
resto de la familia. La historia positiva de los niños, sus vidas
y sus derechos no se expresa en toda su dimensión. Examinar la
manera en que esta situación puede cambiarse requiere el análisis
de las condiciones profesionales en las que trabajan los periodistas,
examinar los principios o directrices que han de seguir los periodistas
y los realizadores de programas, así como los obstáculos
que jalonan la vía del buen periodismo.
Normas,
regulaciones y autorregulación
Informar correctamente
sobre los derechos del niño requiere el acceso a una gran cantidad
de información acerca de los niños, que por lo general
poseen en gran parte las autoridades públicas. Los medios de
comunicación no pueden informar de manera eficaz si no se dispone
en general de información acerca de la educación, la salud,
el empleo, el desarrollo y las condiciones sociales. Demasiados gobiernos
e instituciones públicas guardan reserva y acumulan la información.
El respeto por el
periodismo independiente es una condición esencial para una cultura
de apertura de los medios de comunicación en relación
con los niños y sus derechos. Los periodistas necesitan tener
confianza en que pueden mantener normas éticas, más que
"cumplir órdenes" y que pueden proteger a las fuentes
de información confidenciales. Muchos casos de explotación
de niños nunca serán revelados a menos que las personas
que proporcionan la información a los medios de comunicación
pueden tener la seguridad de que va a preservarse su anonimato.
El derecho a la
libertad de expresión siempre es importante para los profesionales
de los medios de comunicación, pero deben sopesarla con otros
derechos importantes, más especialmente los derechos del niño
a la libertad de no sentir temor y no ser explotado.
Los periodistas
no se fían de los reguladores. Tienen muchas pruebas de que la
intervención exterior inevitablemente da lugar a formas de censura.
No obstante, es legítimo preguntar si la autorregulación
de los medios de la comunicación es una respuesta suficiente
a la preocupación pública respecto a las normas del periodismo,
especialmente en una época en la que el crecimiento de las empresas
mundiales de medios de comunicación e Internet parecen situar
a los medios de comunicación fuera del ámbito de la responsabilidad
pública a escala nacional. ¿Cuál es la eficacia
de los códigos voluntarios y las directrices que establecen las
obligaciones profesionales de los periodistas? Como en todas las formas
de autorregulación, la eficacia depende de la confianza profesional
de los periodistas, de su conocimiento de los temas y de las condiciones
en las que trabajan.
Un estudio reciente
a escala mundial sobre los códigos realizado para la FIP por
el grupo de presión británico Presswise, reveló
que las asociaciones de periodistas tienen pocos códigos específicos
a las buenas prácticas para cubrir los derechos del niño.
A fin de remediarlo, en mayo de 1998, la Federación Internacional
de Periodistas elaboró un proyecto sobre las primeras directrices
internacionales para los periodistas que abarcan los derechos del niño,
en una conferencia a la que asistieron periodistas procedentes de 70
países. En América Latina, Africa y Asia se llevaron a
cabo debates regionales sobre estas directrices y fueron formalmente
aprobadas en el Congreso Anual de la Federación Internacional
de Periodistas en Seúl, en 2001. Posteriormente, las directrices
fueron presentadas en el 2º Congreso Mundial contra la Explotación
comercial del niño celebrado en Yokohama, Japón, en diciembre
de 2001. El objetivo de las directrices, que figuran en el presente
documento, es asegurar la precisión y la sensibilidad entre los
periodistas a la hora de informar sobre temas relativos a los niños.
El código se sitúa en el centro de las preocupaciones
del público en lo que se refiere a la manera en que los medios
de comunicación tratan a los niños. Estas preocupaciones
suelen ser por lo general:
Los códigos
no garantizan una manera ética de informar, pero determinan los
dilemas profesionales que enfrentan los periodistas y los medios de
comunicación a la hora de informar acerca de los niños.
Sensibiliza a los periodistas y a los medios de comunicación
con respecto a sus responsabilidades.
Las
presiones comerciales sobre los periodistas
y los medios de comunicación.
La feroz competencia
comercial es uno de los factores que dan lugar a la explotación
de los niños por parte de los medios de comunicación.
La exposición de las emociones y el sensacionalismo atrae audiencia
y vende noticias. Las organizaciones mercantilistas de medios de comunicación
ejercen una mayor presión sobre los equipos de redacción
para aumentar la productividad. Por tanto, los periodistas a veces toman
sin meditar un camino fácil recopilando información y
noticias, perpetuando mitos y estereotipos.
Prevalece un desagradable
equilibrio de intereses donde a menudo se sacrifican las normas éticas
en favor de los imperativos comerciales. La autorregulación tiene
la posibilidad de no ser convincente cuando los grupos de medios de
comunicación parecen ignorar el proceso o utilizan los códigos
profesionales para servir sus estrechos intereses. Con mucha frecuencia,
incluso los órganos reguladores carecen de poder para hacer cumplir
sanciones ejemplares.
Los profesionales
de los medios de comunicación necesitan poner en tela de juicio
las limitaciones que los vinculan a los mercados. Los periodistas, escritores
y productores deben trabajar en favor de un sistema de cultura popular
que se ocupe de las necesidades de los niños sin devaluarlos.
La naturaleza competitiva del sector significa que los medios de comunicación
a menudo cuidan menos los detalles con tal de vencer a una red o publicación
competidora. No obstante, los periodistas deben permanecer siempre sensibles
a la necesidad de métodos imparciales, abiertos y francos para
obtener la información. El periodismo siempre debería
ser ético, más aún cuando se ocupe de las necesidades
de los niños.
La
publicidad y las repercusiones de las nuevas tecnologías
Motivaciones esencialmente comerciales, principalmente la necesidad
de ganar audiencia y publicidad, incluyen el contenido de la comunicación
de los medios de masas, y estas motivaciones comerciales alcanzan su
punto álgido cuando se trata de la publicidad. La publicidad
también está sujeta a una combinación de legislación
y autorregulación en lo que se refiere a la manera en que atrae
a los niños. Asimismo, es una de las áreas más
controvertidas de la actividad de los medios de comunicación.
Henry Danthan, Director Ejecutivo de la Federación Mundial de
Publicistas, que representa a las asociaciones nacionales y a las empresas
multinacionales de publicidad, cree que se está generando un
"clima antipublicidad" en algunos lugares de Europa debido
a un pánico injustificado en lo que se refiere a su influencia
sobre los niños. No cabe duda de que la industria de la publicidad
es sensible a las imputaciones que se le hacen respecto a su utilización
de los niños.
El concepto de autorregulación
en la publicidad plantea problemas. Los mecanismos sólo están
preparados para tratar las violaciones graves a las regulaciones, mientras
que los principales problemas se deben al efecto de acumulación
de estereotipos banales a los que se recurre sin sanción alguna.
En segundo lugar, los códigos publicitarios, al igual que los
que abarcan el periodismo, a menudo dependen de nociones tales como
el "buen gusto", el "mal gusto" y la "decencia".
Sin embargo, ¿cómo han de interpretarse y aplicarse esos
términos en una industria donde la imagen es un potente motor
de venta?. Por otra parte, en una era de comunicación global,
el material preparado en un país puede ser difundido en una región
con expectativas y valores culturales diferentes.
El desarrollo de
nuevas formas de comunicación, tales como Internet, preocupa
a escala internacional, especialmente debido a la amplia disponibilidad
de pornografía en Internet y porque las personas que intentan
captar niños para hacerlos objeto de abusos deshonestos utilizan
esta tecnología para atraerlos o para intercambiar información.
El principal problema para controlar el material en Internet es que
nadie lo controla. No obstante, las recientes redadas internacionales
de la policía contra las redes de pederastas han demostrado que
los servicios en línea no tienen por qué ser refugios
seguros para los que explotan a los niños.
Los que están
a favor de la libre expresión, tanto en los Estados Unidos como
Europa, han rechazado los intentos gubernamentales para controlar el
contenido en Internet, pero persiste la necesidad de salvaguardas. Los
recursos técnicos para los padres y los niños para levantar
barreras de protección contra la explotación en línea
son sólo parte de la respuesta y será preciso ocuparse
de esta cuestión en la medida en que cada vez acceda a Internet
un mayor número de niños.
De hecho, la mayoría
de los niños del mundo están excluidos de Internet debido
a la pobreza de recursos técnicos y financieros. Recientemente
se informó que sólo el 0,1 por ciento de africanos tienen
acceso a éste. Asegurar el acceso a la red Internet al mismo
tiempo que se protege a los niños contra la explotación
es uno de los principales desafíos.
Las estrategias
para extender los derechos del niño tendrán que vincularse
a este entorno rápidamente cambiante de los medios de comunicación,
un entorno que brinda mucho menos espacio para un control y regulación
centralizados que antes. Las soluciones tendrán que encontrarse
en los mecanismos que confieren a los adultos y a los propios jóvenes
el poder de ejercer control en el mundo en línea.
Ver
y escuchar a los niños
El tema de la identidad,
por ejemplo, está en el centro de la tarea periodística.
Forma parte de la naturaleza del periodismo, desde las primeras lecciones
en la escuela de periodismo, se aprende que la vocación de esta
actividad es proporcionar hechos, incluidos detalles personales acerca
de quién está envuelto en ellos. La decisión de
suprimir información tiene que ser cuidadosamente examinada,
pero la naturaleza de los derechos del niño siempre debería
inspirar al periodista el respeto, por encima de todo, de los derechos
del niño.
El presente documento
analiza la manera en que los periodistas pueden proteger la identidad
de los niños, que no debe quedar expuesta a los focos de la publicidad,
y permitir que se expresen en los medios de comunicación, escuchando
sus puntos de vista y aspiraciones.
Los convenios y
recomendaciones internacionales hacen hincapié en el derecho
de los niños a expresarse con respecto a las decisiones que les
afectan y pedir que se modifique la manera en que se mira a los niños.
El Consejo de Europa ha recomendado programas documentales sobre la
vida de jóvenes en diferentes países con el objetivo de
dar a los niños de 7 a 18 años, incluidos los niños
desfavorecidos y migrantes, una oportunidad de manifestar sus opiniones.
Como parte de su
aprendizaje, los niños también necesitan educarse para
ser personas entendidas y críticas acerca de la manera en que
trabajan los medios de comunicación. Existen algunos proyectos
en el mundo que tratan de brindar a los niños la oportunidad
de crear sus propios medios de comunicación. Entre éstas
se encuentra la agencia de noticias de los niños ANDI, en Brasil,
y Children's' Express en los Estados Unidos y el Reino Unido. Estas
iniciativas pueden aparecer como amenazas a las nociones tradicionales
del periodismo profesional. No obstante, en una época en que
los servicios electrónicos permiten a todo el mundo acceder a
una información no filtrada, el desafío de los medios
de comunicación tradicionales es no crear obstáculos para
la participación, sino promover un acceso que tenga en cuenta
a los niños sin disminuir el profesionalismo ni las normas.
Ha de investigarse
la manera de dar nuevos medios de conceder a los niños el acceso
a los medios de comunicación como fuentes de información.
Los medios de comunicación podrían examinar la posibilidad
de contratar a "niños corresponsales" que cubrieran
brevemente todos los aspectos de las vidas de los niños e impartir
una formación específica a los periodistas para capacitarlos
a expresar los puntos de vista del niño.
Otra medida para
ayudar a los periodistas a cubrir los temas relativos a los niños
con fidelidad sería que las ONG de cada país reunieran
una guía de expertos fiables sobre diferentes temas que podría
estar disponible en cada redacción.
Los organismos internacionales
han pedido que se dé mayor información a los niños,
tanto a través de los medios de comunicación como en la
escuela, de modo que puedan protegerse a sí mismos de los peligros
y riesgos de la explotación sexual. Sin embargo, los niños,
a partir de la escuela primaria en adelante, también necesitan
una formación que los familiarice con los medios de comunicación
a fin de ayudarles a entender y decodificar los mensajes que reciben
de los programas y la publicidad, para convertirse en consumidores críticos
y bien informados de los medios de comunicación.
Conclusión
Esta publicación
incluye algunas recomendaciones muy prácticas para sensibilizar
la prensa y los periodistas y para promocionar el debate entre la prensa
reportando sobre sus derechos. Los profesionales de la prensa tienen
que jugar el mayor papel en este debate sino otros serán impacientes
y buscarán control y medidas de controlarles. Estas regulaciones
no serán efectivas para la protección de los niños,
pero lo harán más difícil aun para los periodistas
de trabajar de manera adecuada.
Aunque no existen respuestas simples para asuntos tan complejos o dilemas
éticos, sí hay estándares y reglas básicas
que permitan a las medias de juzgar como reportar sobre los niños
en la sociedad. La necesidad de una formación periodística
para informar sobre los derechos de los niños nunca ha sido mayor,
empezando tanto en las escuelas de periodismo como en el curso de la
profesión. Los malos hábitos en la sala de redacción
y la tiranía de los plazos de entrega siempre representarán
una desventaja si se desea dar una buena información, pero pueden
superarse si los periodistas y los realizadores de programas a todos
los niveles conocen las buenas prácticas y reciben información
acerca de la importancia que revisten los derechos del niño.
Existe la posibilidad
de que los periodistas representen a los niños en una manera
que conserve su dignidad y evite la explotación y un trato injusto.
Existen muchos ejemplos de buen periodismo que actúan como un
contrapeso a la indiferencia de los medios de comunicación así
como a la falta de sensibilización y ponen en tela de juicio
los mitos.
Es necesario que
los medios de comunicación determinen las buenas prácticas,
aprueben normas altas y alienten mejores artículos y reportajes.